Copenhague, 9 de noviembre de 2015

Pasaron más de 4 años y parece que fue ayer… Después de meses de esperar ese momento, el momento de volar para empezar una nueva vida había llegado! 

El avión aterrizó en el aeropuerto de Kastrup, el más importante de toda Escandinavia y probablemente el que más transité hasta ahora. El agente de Migraciones me preguntó el motivo por el cual estaba en Dinamarca. Le comenté que me quedaba por un año y le entregué mi visa Working Holiday. Me selló el pasaporte y me devolvió la visa. Velkommen til Danmark! 

Antes de llegar a Dinamarca, había surgido la oportunidad de quedarme gratis por dos días en Copenhague a cambio de llevar un juego de mesa a un argentino. Así que aproveché y me encontré con mi amiga, la misma a la que le propuse viajar juntas, sólo que ella llegó un mes y medio antes. Me había insistido de llegar antes a Dinamarca y dándome la opción de trabajar como voluntaria en Møn, donde ella estaba haciendo un workaway pero me negué. Ya tenía todo planificado y decidí mantenerme en ese plan. 

Encontrarme con mi amiga fue muy surreal! La última vez que nos habíamos visto fue casi 4 meses atrás en Buenos Aires. Pasó el tiempo y estábamos del otro lado del océano, en Copenhague y por vivir todo un año en Dinamarca

Si unos años antes alguien me hubiese dicho que viviría en Dinamarca y que eso me transformaría por completo, no le hubiese creído! De hecho, mucho tiempo después me dí cuenta de todas las cosas a las que me había animado y como crecí viajando

Cambio de planes

Faltaba una semana para viajar a Dinamarca y luego de tantas solicitudes, ya tenía mi voluntariado confirmado a través de workaway. Iría a ayudar a una pareja que tenía una granja orgánica cerca de Odense o eso creí… 

A último momento, una escuela de Faaborg aceptó mi solicitud y cambié mis planes. Aún me pregunto que hubiese pasado si no hubiese ido a esa escuela. Jamás lo sabré aunque no me arrepiento del cambio de rumbo que tomé. Porque somos eso, nuestras decisiones. Determinamos nuestro destino cuando elegimos qué camino tomar.

¿Por qué elegí esta opción a último momento? Me pregunté que me enriquecería más: una pareja en el campo o una escuela con jóvenes de todas partes del mundo. Sentí que estaría más cómoda y tendría una mejor experiencia en esa escuela que en la granja. Visualicé cómo podrían ser mis días después de trabajar: convivir con gente de mi edad o con una pareja viéndonos la cara todos los días en el medio de la nada. Me imaginé más entretenida en la escuela y así fue!

Lo curioso es que casi no sucede! Uno de los inconvenientes que tenía, era que la secretaría de la escuela me decía que no podía registrar mi CPR, el número de seguridad social danés, que es vital para vivir en Dinamarca más de 3 meses. Este número es algo parecido al CUIL en Argentina o el RUT en Chile. Aunque cumple las mismas funciones que el personnummer y el samordningsnummer en Suecia, el Anmeldung en Alemania y la Attestation d’hébergement en Francia

El motivo por el cual no permitían la registración del CPR era porque habían tenido malas experiencias con personas que se habían registrado con la dirección de la escuela y al mudarse no la habían cambiado. Les comenté el motivo principal por el cual necesitaba registrarme al llegar a Dinamarca y también que al no cambiar mi dirección podría perder mi visa Working Holiday, algo que no permitiría que pase. Después de esa explicación, pasó más de una semana para obtener su respuesta. La fecha de mi viaje se acercaba y por eso acepté ayudar en la granja orgánica. Pero a una semana de viajar, cambié de planes cuando la secretaria de la escuela, accediendo a dejarme registrar mi cpr en la dirección de ellos, me aceptaron. Prometí cambiar mi dirección al mudarme y así fue como a último momento cambié mi destino.

El hecho de poder registrarme en Dinamarca era un gran alivio! Mientras estuviese en el workaway podría empezar a hacer el resto de los trámites sin perder tiempo.

El plan era llegar a Svendborg y alguien de la escuela me pasaría a buscar por la estación de tren. Por consejo de mi amiga, busqué hoteles en la zona en caso de que haya algún inconveniente. También averigüé la manera de llegar por mis propios medios a la escuela. Menos mal que lo hice! Quién tenía que buscarme jamás recibió mis mensajes ni mis llamadas. Entonces agarré mi única maleta y fui a tomarme el primero de los dos buses que necesitaba para llegar a mi destino

Me bajé del primer bus, en la ruta y en pleno campo, desorientada y sin traductor. Al final, no había sido tan precavida como creía! Traté de adivinar que decía el cartel que había en la parada de bus de ambos lados de la ruta porque ni siquiera sabía de qué lado tenía que pasar.  Como si fuese poco, la única persona que me crucé en el medio de la nada, no hablaba inglés, lo cual era muy poco probable que me pasara pero pasó! Se estima que el 90% de los daneses habla inglés y bastante fluido! Pero la mujer que tenía frente a mí, no era parte de ese porcentaje. No me quedó otra que esperar el bus sin saber a donde iría. Afortunadamente, me tomé el bus correcto, que increíblemente era el último del día y ni siquiera eran las 3 de la tarde! Comenzaba a pensar que estaba siendo demasiado afortunada a pesar de las circunstancias.

Por el camino, no hacía más que admirar los colores otoñales de los árboles. Será que en Buenos Aires nunca ví una gama de colores tan lindos durante el otoño porteño pero ya estaba empezando a disfrutar del paisaje danés

Vivir rodeada de bosque y frente al mar

Cuando llegué a la escuela, me recibió una de las voluntarias. Aparentemente nadie sabía que llegaría ya que la secretaría estaba de vacaciones la semana que llegué y quién debía buscarme también. Más tarde me enteré que fui la única que había llegado por sus propios medios a la escuela ya que a todos pasan a buscarlos a la parada del bus o en la estación del tren. 

La escuela, antiguamente había sido un sanatorio para tuberculosos y por unos años también funcionó como centro de refugiados. Por su ubicación puede que no sea fácil de acceder en transporte público. ¿Te acordás de que llegué en bus? Bueno, ese bus sólo pasaba dos veces al dia, a la mañana muy temprano y a la tarde. Así de afortunada había sido! Aun así creo que la ubicación era perfecta porque estaba rodeada de naturaleza. Me había sumergido en un lugar en donde desde mi habitación tenía vista al bosque y el mar. Llegar a un lugar así, cuando toda mi vida había vivido en una ciudad caótica como Buenos Aires, era un cambio radical. Por un momento creí que no duraría más de una semana ya que nunca he disfrutado estar en zonas rurales por más de unos días. Durante años, cada vez que iba al campo, me aburría y necesitaba del ruido de la ciudad. Pero por primera vez empecé a apreciar vivir tan rodeada de naturaleza y en el medio de la nada misma! Estaba tan cómoda que en vez de quedarme un mes, como había planeado, terminé extendiendo mi estadía por 3 meses! Desde el primer momento y de a poco, mi manera de vivir y ver el mundo cambiaron sin siquiera darme cuenta. 

Mientras fueron avanzando los días, fui conociendo al resto del personal, estudiantes y voluntarias/os. He conocido mucha gente y con un par aún sigo en contacto. 

Trabajar como voluntaria me permitió tener los gastos de alojamiento y comida cubiertos. Afortunadamente, podíamos comprar la comida que quisiésemos! Aunque recuerdo que durante mis primeros días en la escuela, una de las voluntarias me dijo que no se podía comprar queso rallado. Tengo devoción por el queso rallado, tanto que como queso rallado con pasta! Decirme que no puedo comer queso rallado es algo que no esperaba y ni siquiera me animé a preguntar el motivo. Creí que era demasiado caro y nos pasaríamos del presupuesto. Se lo comenté a mi amiga y ambas no sabíamos como íbamos a sobrevivir en Dinamarca sin queso rallado. Problemas del primer mundo! Pero a los pocos me enteré que en realidad no teníamos límite de presupuesto ni restricciones con las comidas. También recordé que quién me dijo que no podía comprar queso rallado, era la misma persona que todo el tiempo buscaba amargarme el día y hasta mis futuros planes! Esta chica fue la única persona que conocí durante mi estadía es la escuela que transmitía muy mala energía.  De hecho, a nadie le caía bien y era la única que constantemente tenía problemas con los demás.  Comprendí que hay gente que no es feliz y tampoco deja que el resto lo sea. Creo que es mejor buscar la felicidad que gastar la energía en incentivar la infelicidad en otras personas. Fue muy pronto para estar en modo alerta con las personas que me encontré viajando. Por eso creo que es mejor alejarse de este tipo de personas, sólo te absorben la energía. 

Aun así… pude comprarme el queso rallado y todo lo que quisiese, hasta un exprimidor para hacerme mi jugo de naranja todas la mañanas. Así que, panza llena, corazón contento! Ñam Ñam….

También pude hacer los cambios que quisiese en mi habitación. Así que un dia me dediqué a limpiar y cambiar todas las cosas de lugar de mi habitación para hacerlo un lugar más agradable. Aunque me terminé descomponiendo y con vómitos ese día y creo que fue porque usé un producto muy abrasivo para limpiar la habitación. Aunque me enfermé, valió la pena el resultado porque me ayudó a sentirme cómoda. 

Mi vida como voluntaria

Se acostumbra que el primer día que llegas no trabajas y está destinado para que puedas acomodarte tranquilamente. Así que trabajé al día siguiente de mi llegada.

Por lo general, el desayuno era a las 8:30 y empezábamos a trabajar a las 9:00. Teníamos un break alrededor de las 10:30 por 10-15 minutos aunque muchas veces se extendía bastante. Retomábamos nuestro trabajo hasta que almorzábamos a las 12:30. De vez en cuando, ayudábamos en el lavaplatos después de comer. Volvíamos a nuestros labores y terminábamos alrededor de las 15:00. Si bien debíamos trabajar por 4-5 horas de lunes a viernes, muchas veces apenas cumplíamos con 2-3 hs. Aunque en mi última semana, estuve trabajando alrededor de 12 horas, aunque tenía muchos breaks y actividades para sociabilizar con el resto de los voluntarios. 

Las tareas eran variadas: pintar, ayudar a lavar los platos después del almuerzo, cuidar el parque, organizar los distintos salones, hacer las compras, housekeeping, ayudar en el escenario de los eventos que organizaba la ONG a la que pertenecía la escuela, etc. 

En mi primer día de trabajo, tuve que ayudar en el parque frente a la escuela y como no quedaba más nada por hacer, me liberé antes. El día que llegó el momento de pintar la cocina de los estudiantes, sólo se me vino una imagen a la cabeza: la Cinthia del pasado que se negaba a pintar el monoambiente de Buenos Aires antes de entregarlo y prefirió pagarle a un pintor. Había pasado sólo una semana de ese momento y ahí estaba, subida a un mueble pintado una cocina que ni siquiera iba a usar. Había creído que pintar era muy difícil y la vida me demostró lo equivocada que estaba. De haberlo sabido en su momento o mejor dicho, de haberme animado, me hubiera divertido pintando mi monoambiente. De repente, me invadió el sentimiento de que mi vida en Buenos Aires era muy lejana; las preocupaciones, el estrés, todo, absolutamente todo había quedado atrás. Parecía que hace años me había ido y sólo había pasado una semana! Había cambiado la gran ciudad por una escuela en el medio de la nada, rodeada de naturaleza y a pasos del mar y sentía que toda mi vida había vivido ahí.  

Vista desde el mueble que estaba sentada para pintar la cocina de los estudiantes.
Foto: Cinthia de Crecí Viajando.

Después de pintar la cocina, ya me sentía en mi salsa al pintar una de las oficinas y las habitaciones de los estudiantes. Nos quedamos sin lugar por pintar y podíamos proponer que queríamos hacer y ahí se me prendió la lamparita. Desde que había llegado era muy complicado elegir la ropa que teníamos a nuestra disposición para trabajar y ensuciarnos sin tener que utilizar la propia. Propuse dedicar nuestras horas de trabajo a ordenar toda la ropa de una de las pequeñas habitaciones. Como había sido quien lo había propuesto, pude decidir que debía hacer cada uno. Me sentía en Disneyland! Cómo me gusta ordenar el caos! Ordenamos toda la ropa por tipo de prenda y lo clasificamos en vestimenta para hombre, mujer y neutro. Aunque también había pensado en ordenar todo por talle, pero creí que ya era demasiado. Que felicidad tuve cuando ya teníamos todo ordenado! Gracias a eso, todos pudimos elegir mejor la ropa que usaríamos para trabajar sin tener que estar revolviendo todo. Además, donamos ropa que ya no queríamos usar para que pueda ser útil para futuros voluntarias/os. Así fue cómo también pude contribuir y me dió una gran satisfacción el resultado. ¿Exagerada? Hey, la felicidad está en las pequeñas cosas!  

¿Alguien dijo ordenar? A raíz de esto, también ordenamos la sala de arte, la de música, la carpintería y el depósito de la cocina principal. De nuevo, Disneyland! Con estas simples cosas, disfrutaba un montón trabajar. Estábamos tan relajados que hasta hemos bailado mientras trabajábamos. En ningún momento sentí que estaba trabajando sino que estaba ayudando a hacer de mi hogar, un lugar mejor! Porque eso era, mi nueva casa en Dinamarca

Una de las mayores enseñanzas que tuve en la escuela, vino de la mano del encargado del mantenimiento de la escuela. Ordenando la sala de arte, tuve un cambio de opiniones sobre algo que me parecía que no estaba bien. Y ahí intervino el sabio sueco diciendo una de las frases que al día de hoy me sigue resonando en la cabeza: Si tenés el sentimiento de que algo no está bien, es porque probablemente no lo esté. Parece una tontería y fue a raíz de una tontería también, valga la redundancia, pero tenía razón. Cada vez que sientas que algo no está bien, seguí ese instinto. Por no seguirlo, en más de una ocasión la pasé muy mal.

Se estaba cercando fin de año y con ello las tareas habían disminuido, tanto que empezamos a hacer una tarea y tener largos breaks. Hasta hemos tenido días libres extra! 

Días libres en Copenhague

Trabajé como voluntaria de noviembre 2015 a febrero de 2016. Por lo tanto, en ese período estuvo el festejo de Navidad y Año Nuevo, además entre estas fechas es mi cumpleaños. Hace varios años que me autoregalo un viaje para celebrar mi cumpleaños, que justo coincide con las fiestas de fin de año. 

A último momento decidí ir a Copenhague y todo fue porque gracias a mi amiga que me  consiguió una habitación, que era de una de sus compañera de trabajo, por sólo 700 DKK por 2 semanas! Demasiado barato para estar muy bien ubicado y en una de las ciudades más caras del mundo! ¿Por qué tan barato? Sencillo, la habitación era en una residencia estudiantil. Las residencias estudiantiles en Dinamarca son geniales! Algunas son hasta monoambientes/estudio, muy lindas y funcionales! En este caso, tenía baño privado y la cocina compartida con el resto de los estudiantes que vivían en el piso. Si bien me podía ir y volver del centro en metro, que tardaba sólo 10 minutos y me dejaba en la esquina de la residencia estudiantil, prefería caminar. Bueno, excepto el día que hizo -14 grados!Ese día decidí volverme en metro porque, al no tener la ropa apropiada, me congelaba del frío! Aunque nada supera haber bicicleteado bajo – 21 grados en Alemania

En mi estadía en Copenhague, aproveché para abrir una cuenta en el banco Danske. A un mes de haber llegado a Dinamarca, ya tenía mi CPR y mi tarjeta de residencia y era lo único que necesitaba, además del pasaporte. También aproveché para tener unos ingresos extra haciendo una performance como Mystery Shopper en una peluquería al norte de Copenhague. Si querés saber de que se trata, hacé click aquí

Pasé Navidad con otras/os voluntarias/os de un workaway en un hostel ubicado en Nyhavn, plena zona turística de Copenhague. Una de las chicas la había conocido en una reunión de jóvenes con la visa working holiday y me había invitado a pasar Navidad con ella y el resto de la gente del hostel. Ahí conocí a varios jóvenes de Argentina y Chile. De hecho, con una de las chicas argentinas fue con la que me mudé en Linköping, Suecia (de eso hablaré en otro momento). Reconozco que la Navidad en Dinamarca me decepcionó. No hubo ningún festejo en las calles. Llegaron las 12 y silencio, no pasaba ni un alma por la calle. Muy distinto a lo que estaba acostumbrada. Después me enteré que se debe a que en Dinamarca, la Navidad se celebra exclusivamente en familia. Aunque la decoración navideña del Hotel D’Angleterre me fascinó! 

Todas las Navidades el Hotel D’ Angleterre tiene una de las mejores decoraciones navideñas de Copenhague. Foto: Cinthia de Crecí Viajando.

Mi cumpleaños lo pasé con mi amiga y dos daneses que nos encontramos en Heidi’s Bier  Bar, uno de los bares que más me gustó en Dinamarca. Si querés conocer daneses, los bares son la clave! Los daneses cuando toman son de lo más sociables! Cuando les conté que ese día era mi cumpleaños, uno de ellos le pidió al staff del bar que pasaran por los parlantes una de las clásicas canciones danesas de Feliz cumpleaños para mí. Todo el bar me cantó el Feliz cumpleaños! Jamás creí que al poco tiempo de haber llegado a Dinamarca, tanta gente me cantaría el Feliz Cumpleaños en un idioma que apenas entendía! Esa noche fuimos a bailar pero nos encontramos con la sorpresa que en Dinamarca es obligatorio usar el guardarropas si tenés abrigo o bolso/mochila/cartera grande. Bueno, en realidad,  una de las noches que fui al Heidi’s Bier Bar de Svendborg, nos habían pedido tanto a mi compañera japonesa como a mi,  dejar nuestras camperas en el guardarropas. En vez de hacerlo, las dejamos en la camioneta de la escuela y salimos corriendo al bar del frío que hacía. Aun así, en Copenhague nos pasó que el personal nos siguió por todo el boliche/disco hasta que abandonamos el lugar porque nos negábamos a dejar nuestras cosas en el guardarropas. Nuestra negación, además de ser ratatouille, fue porque mi amiga tenía la laptop en la mochila y tenía miedo que se la robaran. Si, aún no podíamos comprender que en Dinamarca era muy poco probable que roben. Bueno, si puede pasar en los lugares donde hay mucha gente como ha pasado la estación de Nørreport

A pesar del inconveniente en el boliche/disco, la pasé genial y fue una de las noches que un recuerdo con mucha lucidez. Cuando creí que la noche había terminado al haber llegado a la residencia estudiantil. Pasaron unos minutos, cuando mi amiga me mandó un mensajes diciéndome que se había quedado afuera de su casa porque la mitad de la llave se quedó en la cerradura y la otra en su mano! Ella, totalmente desganada, estaba decidida pasar la noche en las escaleras del edificio. Le dije que venga a la residencia, que no se iba a quedar durmiendo en las escaleras. Le indiqué cómo llegar hasta donde estaba, entre idas y vueltas, llegó en plena madrugada y pudimos dormir tranquilas bajo un techo seguro, la residencia estudiantil. Fue en ese momento que ambas comprendimos que es muy importante conocer gente cuando sos nueva en un lugar, sea un pueblo o ciudad. Si yo no hubiera estado en Copenhague en ese momento, mi amiga hubiese dormido en las escaleras. Por eso, siempre voy a eventos y hago actividades de mi interés cuando me mudo a un nuevo país o ciudad, para conocer gente con la que comparta gustos y ante algún inconveniente podés recurrir a alguien conocido.

Pasaron unos días y llegó Fin de Año, que lo pasé en uno de los mejores hostels de Copenhague: Downtown Copenhagen Hostel! Para fin de año, ofrecían cena gratis y abrían la pista de baile que tenían en el subsuelo. Ahí conocí a dos chicas de España, que habían elegido a último momento y al azar pasar fin de año en Copenhague y por primera vez no comían las 12 uvas con las campanadas de las 12; y, 2 mexicanos, uno que estaba haciendo un Master en Aalborg y otro que estaba estudiando en los Países Bajos y decidieron encontrarse en Copenhague para fin de año. Además estaba con mi amiga, que por segundo año consecutivo pasábamos fin de año juntas. Por desgracia, mi amiga tenía que trabajar al momento de recibir el nuevo año, así que me quedé con la gente que acababa de conocer. Así recibí el 2016, rodeada de extraños y al contrario de lo que pueda parecer, la pasé genial! Luego de las 12, pasé a saludar a mi amiga por su trabajo y luego fui al hostel donde había pasado Navidad.   

Fin de Año en Rådhuspladsen, Copenhague. Foto: Cinthia de Crecí Viajando.

Empecé un nuevo año lejos de Argentina y fue uno de los mejores festejos de fin de año que había pasado hasta el momento. Toda la gente se viste de gala como si fuese a un casamiento. Los hombres de esmoquin, las mujeres con unos vestidos super elegantes y todos con su copa de champagne en la mano para recibir el 2016! Las familias y todas las personas que tiraban fuegos artificiales tenían antiparras, lo cual me llamó mucho la atención. Supongo que será por protección. Además, varias personas se divierten a tirarte fuegos artificiales en los pies. Al menos en mi caso, tuve que esquivar a más de uno. También me dediqué a juntar todas las botellas y latas que encontraba mientras estaba en Rådhuspladsen y cuando volví a la residencia estudiantil. ¿Por qué? En los supermercados te dan dinero por devolver las botellas y latas que tienen el signo de Pant. El máximo que obtuve fueron 50 DKK (coronas danesas) aunque conozco gente que ha recibido más de 200 DKK!

Después de dos semanas en Copenhague, volví a la escuela. Pues, era momento de volver a “trabajar”.

Ángeles y demonios

Si bien la pasé genial durante mi tiempo en la escuela, simultáneamente pasaban cosas que al día de hoy no puedo creer la naturalidad de mi reacción a ciertos acontecimientos. Para comprender mejor lo que voy a contarte,  voy a compartir las reglas que debía respetar para ser aceptada en la escuela. Las cuales eran: no tener una relación cercana con los estudiantes y no tomar alcohol ni consumir drogas en la escuela aunque podía tomar alcohol afuera si quisiera. Estas reglas tenían un motivo. La escuela no era como cualquier otra. Estaba destinada a adolescentes que habían tenido problemas por el consumo excesivo de alcohol, drogas y también habían tenido antecedentes penales. La escuela era similar a un centro de rehabilitación aunque excesivamente relajado y flexible. Los estudiantes vivían en la escuela, por lo tanto, era muy probable que esté en contacto con ellos aunque no estuvieran vinculados a mis tareas. Teniendo en cuenta lo miedosa que soy, me dio lo mismo meterme en un lugar así. Será porque tenía muy buenas referencias en workaway que me pareció uno de los mejores lugares para hacer un voluntariado.

Aun así, el concepto de relación cercana me pareció tan amplia que tuve que preguntar al llegar a la escuela a qué se referían exactamente ya que los estudiantes eran muy buena onda conmigo y jamás me hicieron daño ni me trataron mal. Todo lo contrario, vivía bromeando con ellos y contribuyeron a que mi estadía en la escuela sea una experiencia única e irrepetible. Ahí surgió mi duda: ¿qué se entiende por relación cercana? A mi entender, tanto el noviazgo como la amistad, son relaciones cercanas. Pero me aclararon que no podía salir con los estudiantes. Caso resuelto. La distancia también estaba en que no compartimos pisos. Las/os voluntarias/os dormíamos en el primer piso y los estudiantes en el segundo. Tampoco estaba permitido estar en el piso de los estudiantes, a menos que tuviésemos que trabajar ahí. Los estudiantes tampoco podían estar en el piso de los voluntarios.

Si bien los estudiantes se portaban de lo más bien conmigo, según si te apreciaban o no, podían ser unos ángeles o unos demonios, no había término medio con ellos. Los estudiantes han hecho cosas que, al ver lo bien que me trataban, me costaba mucho creer que era verdad que tenían un pasado oscuro. Bueno, creo que todas/os, en algún punto también lo tenemos.

Creo que apenas llevaba una semana en la escuela y desapareció la laptop de uno de los voluntarios. Éste acusó a los estudiantes ya que al momento de que ocurrió el hecho, éstos estuvieron por nuestro piso tocando todas las puertas. De hecho, recuerdo que salí y los estudiantes salieron corriendo hacia su piso y eso fue todo. Como la laptop no aparecía, el dueño quería llamar a la policía para hacer la denuncia, empezó a golpear las paredes y hacer un berrinche en el piso, aún así, la directora se negó. Era muy protectora con los estudiantes. Si se llamaba a la policía, los estudiantes podrían terminar en la cárcel. Finalmente, la laptop apareció escondida en uno de los lavarropas. Aparentemente, no había muy buena relación entre los estudiantes y el dueño de la laptop

Luego de unos días, salimos a la noche por Svendborg con la camioneta de la escuela y volvimos. A la hora, los estudiantes habían entrado a la fuerza en la oficina de la secretaria y robaron todas las llaves del edificio y de los autos. Se llevaron una de las camionetas, la chocaron y tiraron las llaves al mar. Vino la policía a la escuela ya que alguien había hecho la denuncia. Aun me pregunto que estaba haciendo en ese momento, ya que las oficinas estaban en el primer piso y jamás escuché nada. Igual es probable que fuese porque ni me animaba a salir de la habitación porque de noche daba miedo la oscuridad del pasillo, además de que hacía frío, no me animaba ni ir al baño que estaba al final del pasillo. 

Al día siguiente, robaron una moto de los estudiantes de la escuela de marineros, que era parte de la misma ONG a la que pertenecía la escuela. Se la llevaron a orillas del mar y la prendieron fuego. Alguien volvió a llamar a la policía y volvieron a la escuela. Ya parecía que tenían que mudar la estación de policía a la escuela ya que las denuncias siempre apuntaban ahí. Una vez más, el robo de la moto se debió a que los estudiantes se vengaron de su dueño a raíz de una discusión. Los estudiantes no fueron detenidos pero la directora tuvo que comprarle una moto nueva al dueño. Caso resuelto. Empecé a creer que yo estaba viviendo en una realidad paralela y que en Dinamarca se resuelven las cosas de una manera muy pacífica. 

Cada día era una nueva historia con los estudiantes y yo encerrada en la habitación ignorando todo lo que pasaba a metros mio. Hasta ese momento, creí que los chicos simplemente necesitaban llamar la atención y se vengaban de las personas que no les agradaban. No los justifico para nada, simplemente creo que era un grito de atención porque siempre han sido divinos conmigo. 

Pero un día llegó un refugiado que también había tenido antecedentes penales. Un adolescente de 16 años. Si bien había estudiantes que tenían madres y/o padres que eran de Turquía e Irán, todos eran daneses y habían crecido en un entorno muy distinto al de este chico y jamás han vivido una guerra. Por lo tanto, la situación de este chico, era muy distinta a la del resto. Debido a que apenas hablaba inglés, prácticamente no tenía relación con él. Aun así, si tenía más cercanía con una de las voluntarias y un día la acosó. El episodio terminó con la conclusión de que la voluntaria tenía la culpa por estar sola con el chico. Me pareció de lo más absurdo y ridículo. ¿Por qué siempre se culpa a la víctima? Después de este episodio, el chico también corrió y amenazó con un cuchillo a dos de las voluntarias mientras estaban en la cocina del primer piso. En ese momento, yo me encontraba en mi habitación y no escuché absolutamente nada. Afortunadamente, a los pocos días transfirieron al chico a otro lugar, debido a que no acataba las órdenes de nadie y era un peligro para quienes vivíamos ahí.

Para mi sorpresa, uno de los estudiantes con los que mejor me llevaba, lo encarcelaron. Otros fueron dados de “alta”, aunque en realidad habían llegado a la mayoría de edad y ya no podía estar en el escuela. Si bien no volví a verlos, con algunos de ellos sigo en contacto. 

A pesar de todo lo que pasó, jamás me sentí insegura aunque si no me incomodó que hayan acusado a una víctima de ser la culpable de algo que ni siquiera provocó. Creo que fue esto lo que hizo que haya sentido un gran alivio cuando se fue ese chico. 

Conociendo Dinamarca gratis

A pesar de su lado B y sin estar directamente perjudicada por los hechos que comenté antes. Creo que la gran ventaja del voluntariado fue que pude conocer Dinamarca prácticamente gratis! 

Mi primer fin de semana libre fui al castillo Egeskov que tenía descuento porque había una feria navideña esos días. Si bien la entrada no era tan barata, si lo era para los estándares daneses. Aun así, la pasé genial y hasta me divertí cuando un danés con cara de nene tuvo que ayudarnos a sacar el auto que había quedado estancado con el barro

En mi primer fin de semana en Dinamarca, visité el castillo de Egeskov.
Foto: Cinthia de Crecí Viajando.

He ido en bici hasta Faaborg a tramitar mi CPR porque no había auto para llevarme. Como quería hacerlo lo antes posible porque habían tardado en hacerme la carta para presentarla como comprobante de domicilio y ya llevaba una semana en Dinamarca. Así que decidí recorrer más de 22 kms en bicicleta creyendo que sería fácil ya que Dinamarca se caracteriza por ser un país plano. Si bien es cierto, donde vivía había colinas y me costó un montón pedalear, hasta me he bajado de la bici y decidí subirlas caminando. Me perdí, anduve en bici con el viento en contra y encima, llovió, porque en Dinamarca llueve casi a diario! Así que no fue tan fácil y fue cuando empecé a preguntarme si no estaría mejor aburriéndome en la oficina en Buenos Aires. ¿Por qué había decidido a irme tan lejos? Después recordé que sentía que no encajada en Argentina y que mi futuro estaba en otro rincón del mundo y seguí pedaleando. 

Tramité mi cpr muy rápido y de la manera más sencilla. En ese momento, el trámite era presencial. Actualmente es online.  

Cuando volví a la escuela lo único que necesitaba era bañarme porque apestaba pero… ya había hecho el trámite y el esfuerzo había valido la pena

Además de hacer el trámite en Faaborg, era donde íbamos a hacer las compras de la semana y también pude recorrerla un par de veces. Es bastante pequeña y tiene su encanto con sus casas de colores.

Un clásico de Dinamarca: la bici frente a casas de colores vivos.
Foto: Cinthia de Crecí Viajando.

Al día siguiente, fui a Odense a tramitar mi tarjeta de residencia. También aproveché y recorrí la ciudad, que es muy linda y he tenido la oportunidad de volver varias veces mientras hice el voluntariado. 

También fui al hospital de Odense a hacerme el test de prevención del cáncer de útero, el turno me llegó por carta y fue totalmente gratuito. 

Además, fue la primera vez que vi un local de Normal y fue amor a primera vista! Normal es una perfumería muy barata, tiene de todo y lo mejor es que tiene varios productos ecológicos y que no testean en animales! También está en Suecia

Además, los primeros días en la escuela aproveché para recorrer los alrededores de la propiedad ya que tenía el bosque y el mar a pasos. Terminaba de trabajar y me iba a dar una vuelta. Hasta he llegado a ver ciervos en el bosque! Pude disfrutar de la nieve por primera vez! Hasta he visto como la orilla del mar se congelaba por las bajas temperaturas e invierno!

Postal del invierno en la isla de Fyn. Foto: Cinthia de Crecí Viajando.

He caminado por el muelle y he tomado mate en un pequeño refugio frente al mar, que además tiene para hacer una parrillada. Aunque estuve en otoño/invierno y el tiempo no ameritaba comer al aire libre. 

Este refugio estaba a pasos de la escuela. Foto: Cinthia de Crecí Viajando.

Fui a Horsens para un evento organizado por y para los refugiados que habían llegado durante los últimos años a Dinamarca. Apenas llevaba 10 días en Dinamarca y ya conocía otras realidades, muy distintas a las del Primer Mundo que hubiese esperado o imaginado. Conocí varios refugiados y sus historias, cada una me dejó marcada en cuanto a mi percepción de la denominada “Crisis Migratoria en Europa de 2015” debido a la cantidad de refugiados que llegaron al continente. Pude saber de primera mano como fueron recibidos por las autoridades danesas y cuáles eran las oportunidades que les ofrecía el país.

Cuadro que se pintó para el evento organizado por y para refugiados en Horsens.
Foto: Cinthia de Crecí Viajando.

También fui a Svendborg, la ciudad que tiene la estación de tren más cercana a la escuela. Ahí salía de vez en cuando, iba a Heidi’s Bier Bar y paseaba por la ciudad. Además, me pareció más linda y grande que Faaborg. Hasta he buscado trabajo ahí pero la oferta laboral era muy escasa.

A la semana de haber llegado a la escuela, necesitaba ir al médico y por este motivo pude saber mi CPR con anticipación, ya que lo necesitaba para atenderme. La clínica quedaba en Vester Åby. Fue la primera vez que fui al médico en el exterior y me sorprendió la tecnología y la manera de atender a los pacientes. Por empezar, se necesita escanear la yellow card (el CPR físico) pero como yo no la tenía, simplemente informé mi número de CPR y listo. Lo complicado fue que la doctora no supo que tenía en el momento y me derivó al hospital de Odense para luego de un mes. Cuando llegué a Odense me dijeron que la doctora no había enviado mi historia clínica y por lo tanto no podían atenderme. Hermoso todo! Esperando un mes para que me vea un especialista para que al final me diga que no puede atenderme. Igualmente volví a las pocas semanas ya que debía hacer el test de prevención del cáncer de útero y de paso puede hacer la consulta que necesitaba hacer hace 2 meses. 

Otra de las veces que fui a Vester Åby, fue en busca de chocolate. Llevaba un mes en la escuela y decidí caminar 8 kms en medio de la noche, al costado de la ruta para ir a la chocolatería. Bueno, en realidad eran las 15:30 o 16:00 pero cuando se acerca el invierno, a esa hora ya es de noche. Si, el invierno en Dinamarca es largo, oscuro y frío pero se sobrevive… más si comes chocolate, que lo cura todo o casi todo. Mientras caminaba en dirección a la chocolatería del pueblo, sólo me iluminaban las luces de las casas y los autos, si es que alguna vez pasaba alguno en un pueblo de apenas 800 habitantes. Aun así, no sentía miedo para nada! En ese momento, al haber pasado un mes en Dinamarca, me sentía super segura caminando sola de noche. Jamás hubiese hecho algo similar en Argentina!

Última semana en la escuela

Para la preparación de un concierto que se realizaba en Holstebro y al día siguiente en en castillo Borreby, me quedé una semana en Ulfborg, Jutland, la península danesa.

Tuve el privilegio de estar en el sector de iluminación del escenario donde se realizó el concierto. Foto: Cinthia de Crecí Viajando.

Durante esa semana, conocí voluntarias/os de distintas partes del mundo y la pasé genial! Aunque también trabajé mucho! Afortunadamente, pudimos elegir libremente en qué queríamos colaborar. Aun así, nuestro día comenzaba desayunando a las 8:00 y luego empezábamos a trabajar, parabamos para almorzar a las 12:30 y retomabamos con nuestras tareas. Terminabamos alrededor de las 16:30 pero las actividades para sociabilizar continuaban pasadas las 20:00. Después de 3 días a ese ritmo ya no quería saber nada y me encerraba en mi habitación. Demasiada gente y demasiadas actividades para mi gusto. 

Aun así, conocí gente increíble con quienes aun estoy en contacto, me han visitado y también los he visitado en estos años. Fue un lindo cierre de mi última semana en mi primera experiencia workaway, que casi no se dá y que de un mes la extendí a 3 meses. Estoy muy agradecida de todo lo que viví y aprendí durante esos meses y fue una de las mejores experiencias que tuve como voluntaria.

Durante mi experiencia de workaway conocí gente de España, Inglaterra, Portugal, Italia, Francia, Polonia, Lituania, Estonia, Suecia, Dinamarca, Hungría, Alemania, Rumanía, Países Bajos, Eslovaquia, Brasil, Argentina, Colombia, Japón, Irak e Irán

Haber cambiado de planes a último momento hizo que tenga una de las mejores experiencias y también el mejor de los comienzos de mi visa Working Holiday en Dinamarca

Uno de mis momentos favoritos del día, ver los atardeceres daneses.
Foto: Cinthia de Crecí Viajando.

En tan sólo 3 meses había vivido, aprendido y sentido tanto y con tanta intensidad que ya me sentía otra persona y todavía me esperaba Copenhague… 




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