A principios de enero de 2018 llegué a Alemania. Había encontrado un vuelo barato de Madrid a Frankfurt, de ahí tenía que tomarme un bus a Hamburgo, pero lo perdí por pocos minutos. Así que en plena madrugada tuve que esperar hasta que llegase el próximo. Pasé la noche en el aeropuerto y así había empezado mi experiencia en Alemania, mi tercera Visa Working Holiday


Moin Moin Hamburgo!

Elegí Hamburgo por varios motivos: los Beatles y la conexión directa en tren con Copenhague. También tenía la ventaja de aplicar a esta visa estando en Europa

Volví a elegir hacer un voluntariado (Si queres saber de que se trata, hacé click aquí) para no gastar en alojamiento ni comida mientras hacía trámites y buscaba trabajo. 

Llegué a la casa de mi anfitrión un viernes, en donde tenía planeado quedarme hasta tener todos mis papeles para empezar a trabajar. Pero debido a una serie de sucesos me fui de ahí antes de lo planificado. 

Mi anfitrión me presentó a las personas que estaban viviendo en la casa: su novia, una amiga y un amigo. Como era casi fin de semana mi anfitrión me dijo que estaba libre hasta el lunes, así que aproveché para recorrer Hamburgo, que para mi suerte pude disfrutar de un fin de semana soleado en pleno invierno!

Así es como los alemanes toman sol en pleno invierno! Foto: Cinthia de Creci Viajando.

Ese mismo fin de semana, mi anfitrión echó de su casa a su novia y a su amigo porque los encontró besándose en el living! Los echó a los gritos y acto seguido empezó a desfilar gente y había fiesta en la casa casi todos los días! No importaba la hora, siempre llegaba alguien nuevo. A veces creía que era la casa del pueblo!

Después de unos cuantos días y varias fiestas, llegó el día de trabajar con él. Si, tuve varios días libres porque él siempre se levantaba tarde porque había estado de fiesta el dia anterior así que no trabajaba. Una de mis primeras tareas fue revisar su correo ya que tenía cartas sin abrir durante meses! Algunas de las cartas eran para personas que no vivían en la casa, en el buzón tenía etiquetas con nombres de al menos ocho personas cuando apenas eramos tres viviendo en la casa, bueno cinco pero a dos los echó. En fin… él, siendo el dueño de la casa, no tenía la menor idea de cuantas personas estaban registradas en su propiedad! ¿Te acordás que decía que era la casa del pueblo? Pues parece que realmente lo era! Ago que me sorprendió es que mi anfitrión no trabajaba y aún así podía afrontar los gastos de la casa y además una voluntaria. Revisando el correo, él me contó que estaba sin trabajar desde hace un año porque le habían diagnosticado que tenía depresión. Una vez al mes iba al médico que certificaba su estado de salud. Por este motivo, recibía un subsidio del gobierno hasta que le den de alta. Entre el correo había una carta del seguro social en donde le informaban que podía seguir obteniendo el subsidio por un año más! Gracias a ese dinero, podía mantener los gastos de la casa. 

Después me pidió que lo ayude a limpiar las malas energías que dejaron su ex novia y su ex amigo en el living. Así que limpiamos y acomodamos el living. Después fregamos el piso con agua tibia y sal. Sí, así como lo leen! De esta manera se eliminaría la mala energía del lugar.

Creí que a partir de ese día iba a poder conectar con él y conocerlo un poco más, pero esto no pasó. De lo inquieta que soy, empecé a limpiar por todos lados y él me agradeció de que me ocupase de la casa. Pero a los 2 días se retractó y me dijo que desde que había llegado se sentía inútil porque yo hacía todo. Así que hablando acordamos nuevamente que haríamos cosas juntos pero la situación no hizo más que empeorar. 

Un día fuimos a comprar algo a la panadería y cuando llegó el momento de pagar, se le cayeron un par de monedas. Me agaché para ayudarlo a juntarlas y su reacción me dejó helada! Muy nervioso, me dijo que no lo tratase como un inválido porque él mismo podía hacer las cosas por sí mismo. Sin pensarlo me disculpé aunque me costó un poco entender cómo él podía sentirse así cuando yo solo quería ayudarlo. Acto seguido, fuimos al mercado de pulgas porque él quería comprar algo. Le pregunté que estaba buscando para poder ayudarlo. Si veía lo que estaba buscando le avisaría, y fue lo que hice un par de veces hasta que otra vez reaccionó igual que en la panadería. Me dijo que él podía buscar lo que quería por sí mismo y que deje de tratarlo como un inútil. Así que para no empeorar su estado de animo, me alejé hasta que volvimos a su casa. Años después me enteré que tanto en Alemania como en Dinamarca, la gente no suele tomarse bien el hecho que quieras ayudarlos. Más cuando se trata de una tarea fácil. Está esa ley social de que cada persona debe hacer las cosas por sí misma. Si tratas de ayudar, la persona puede interpretar que creas que es inútil.

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Uno de mis primeros atardeceres en Hamburgo. Foto: @creciviajando


Mis últimos días en el workaway

Por suerte, conseguí trabajo rápido pero para él no podía mantener ambas actividades. Tenía que decidir entre mis tareas de workaway o tener un trabajo remunerado. Elegí la segunda opción y por lo tanto sólo tenía seis días para irme de la casa! Ganas de irme realmente no me faltaban pero no esperaba irme hasta que llegasen a la casa todos los papeles que necesitaba. 

Para colmo a los 3 días se había roto mi bici y la necesitaba para trabajar. Traté de arreglarla por mis propios medios y cuando tuve que inflarla no encontré inflador en la casa. Decidí irme en pijama a la estación de servicio que estaba cerca de casa para inflarla. Me encontré con la noticia de que en Hamburgo, los infladores de ruedas que están en las estaciones de servicio no son aptos para las bicis. Siendo domingo, tuve que esperar hasta el día siguiente para comprar un inflador porque todos los comercios cierran los domingos! Por suerte un amigo me prestó su bici por unos días. El mismo día, también que fui a buscarla, había acordado de visitar 2 habitaciones para mudarme.

Postal del camino desde casa al centro de Hamburgo. Foto: @creciviajando


En busca de un nuevo hogar

La primera habitación era un local convertido en casa en donde no tenía la posibilidad de hacer el Anmeldung. Algo me decía que no era un lugar para vivir y me fui a ver la siguiente. La segunda habitación tenía una ubicación perfecta y el precio estaba dentro de mi presupuesto. De hecho, pagué menos de lo que valía! Pero sólo podía vivir ahí por un mes y luego debía pagar lo que correspondía, que era casi un 50% más de lo que estaba pagando. Acepté mudarme a la habitación porque más allá de la ubicación, me quedaban 3 días para mudarme y no creía encontrar algo más convincente que eso en tan poco tiempo. Salí del departamento y empezó a llover. 

Tenía por delante media hora en bicicleta hasta la casa bajo la lluvia, cambiarme y volver a bicicletear hasta el trabajo. Mientras pedaleaba empecé a sentirme cada vez más débil, derrotada, y sobrepasada por todo lo que me estaba pasando. No conectaba con mi anfitrión, necesitaba trabajar con la bici y se había roto, y en menos de 72 horas tenía que mudarme. Como resultado, no hice más que llorar de la impotencia que sentía. Pero así cómo me desarmé, me rearmé a los pocos minutos.

Empecé a pensar que si bien no me gustaba mi presente, estaba haciendo lo posible para cambiarlo y el primer paso ya lo había dado, cambiar de casa. Mi bici estaba rota pero había conseguido una mientras arreglaba la mía. Había conseguido trabajo en menos de 2 semanas de haber llegado a Hamburgo. Tenía 6 días para conseguir alojamiento y en 3 ya tenía un nuevo lugar para mudarme. Empecé a sentirme más afortunada y agradecida. Si bien las cosas no habían salido como esperaba pero a poco se estaban acomodando.  


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