Crecí Viajando

Vivir, Trabajar y Viajar por Europa sin pasaporte europeo

Guía para viajar (casi) gratis a través de voluntariados

Los voluntariados te permiten trabajar pocas horas al día a cambio de alojamiento y comida. Debido a que muchas personas desconocen esta manera de viajar (casi) gratis, decidí hacer esta guía para orientarlas mejor sobre el mundo de los voluntariados

Hace más de 4 años que uso Workaway, que es una de las tantas plataformas que actúa de intermediaria entre voluntarias/os y anfitrionas/es

Afortunadamente, en tiempos de pandemia, hay algunos voluntariados que han demostrado su solidaridad y han aceptado viajeras/os para poder tener un lugar donde estar hasta que las cosas vuelvan de alguna manera a la normalidad.

Membresía

Cada plataforma de voluntariados requiere una membresía anual. En 2015, cuando descubrí Workaway, pagué menos de €30 y podía utilizar la plataforma para contactar anfitriones por 2 años. En 2017, al momento de renovar mi membresía, pasó a ser un abono anual. En caso de que la renueves antes de que se venza, pagas el mismo importe que habías abonado antes. Todos los años la membresía aumenta un poco, al menos en el caso de Workaway

Hay otro tipo de plataformas, que hasta el momento no las usé como: Worldpackers, HelpX, Wwoof (es exclusiva para tareas en el campo). También es posible comunicarse directamente con las ONGs, hostels u otro tipo de organizaciones que buscan voluntarias/os sin utilizar las plataformas que mencioné antes

Disponible en cualquier parte del mundo

Los voluntariados están disponibles en cualquier rincón del mundo. Por lo tanto, podés elegir dónde hacerlos. Esto quiere decir que las oportunidades y opciones son infinitas!

Sin límite de edad

No hay límite de edad para trabajar en voluntariados. En mi primer voluntariado en Dinamarca conocí dos voluntarias que eran de mayor edad y una de ellas era jubilada. Así que la edad no es una barrera en lo más mínimo!

Tareas a elección

Trabajar en voluntariados te permite trabajar en lo que quieras y tengas interés. Por eso, podés elegir a tu anfitriona o anfitrión según la ayuda que necesite y tus habilidades e intereses. Si bien se hace una lista de las tareas que podés hacer, también hay lugares en donde están abiertos a que propongas ideas. Esto me ha pasado más de una vez, como en mi primer experiencia como voluntaria. De esta manera, podés estar más vinculada/o con tus tareas y estar más cómoda/o en donde hagas tu voluntariado.

Tramitar un visado, de ser necesario

Si vas a hacer un voluntariado en un país en donde no tenés residencia, debés averiguar el tipo de visado necesario para hacer el voluntariado. Sólo por nombrar algunos países, Dinamarca y Alemania, emiten visados de voluntariados. Aun así, en ambos países, hice voluntariados mientras tenía mi visa Working Holiday. Por lo tanto, con este tipo de visado pude trabajar como voluntaria.

¿Por qué es importante tener un visado adecuado para trabajar en voluntariados?

En países como Dinamarca, los voluntariados se consideran legalmente como un trabajo.  Aunque no recibas dinero (en algunos si pero lo mencionaré más adelante), se interpreta que el alojamiento y las comidas son una forma de pago y hasta deberías tener un recibo de sueldo/nómina donde figuren estos conceptos según Skat, la agencia tributaria alemana. Aún así, en la práctica, no he conocido casos en donde se emita un recibo de sueldo/nómina con estas características. 

Idiomas 

Muchas personas creen que por no hablar inglés no pueden postularse a voluntariados. El idioma no es una barrera! Los avisos de cada anfitrión indican cuáles son los idiomas que hablan. Si bien la mayoría pide inglés, al tener la posibilidad de hacerlo en cualquier parte del mundo, podés conseguir un voluntariado donde hablen español o el idioma que hables o tengas interés de aprender.

En mi caso, realicé voluntariados en donde me comunicaba en inglés y/o español, hasta con un nivel básico de francés!

No hay contrato

Los voluntariados raramente sea un acuerdo a través de un contrato. Por lo general, se acuerdan los términos del intercambio por medio de videollamada, llamada, email o personalmente. Por lo tanto, es prácticamente un contrato de palabra. Esto permite que pueda haber modificaciones según lo crean convenientes las partes, es decir, vos y tu anfitriona o anfitrión. Lo cual lo hace muy flexible y adaptable.

Comunicar cuales son tus expectativas

Como mencioné antes, generalmente no hay contrato, por eso es importante tener una comunicación clara y fluida con tu anfitriona o anfitrión antes y durante tu estadía. De esta manera, ambas partes pueden decir que esperan de la otra persona y se evitan malos entendidos. Aunque los he tenido, pero bueno… puede pasar y hay veces que es una cuestión cultural. Siempre que haya buenas intenciones y se trate de aclarar cualquier aspecto del voluntariado, mejor!

Es importante decirle a tu anfitriona o anfitrión en qué querés ayudar, cuántas horas podés trabajar, cuándo llegarás al lugar, cuánto tiempo te quedas, si tenés alergias o preferencias alimenticias y cualquier información que creas relevante.

Tiempos mínimos y máximos de estadía

En los avisos es probable que incluya el tiempo mínimo y/o máximo que se espera que te quedés en el voluntariado. Generalmente, el mínimo es de una semana y el máximo es de 3 meses. Aun así, según el vínculo que tengas con tu anfitriona o anfitrión, podés hablarle y llegar a un acuerdo para extender o reducir tu estadía. Me ha pasado en mi primera experiencia como voluntaria que debía quedarme como mínimo un mes y me sentí tan bien en ese lugar que extendí mi estadía hasta 3 meses!

Límites de horas semanales y descansos

Los voluntariados requieren pocas horas diarias, generalmente son 4-5 horas aunque puede ser más o menos, según el caso. El límite son 25 horas semanales. También se dan 2 días de descansos.

Aun así, puede ser que tengas tareas por 8 horas 3 dias a la semana y tengan 4 días libres o que hagas  2-3 horas al día y tengas un día de descanso. Como ves, las combinaciones son infinitas y van a variar según lo que requiere tu anfitriona o anfitrión. Siempre se pueden acordar los horarios que sean beneficiosos para ambas partes. 

Tipos de alojamiento

El alojamiento que te ofrecen en el voluntariado es muy variado. Puede ser una habitación privada o compartida con el resto de las/os voluntarias/os, un departamento/casa de huéspedes, una motorhome, una cabaña, etc. Esta información la podés ver en el aviso de oferta de voluntariados.

Gastos de alojamiento

En los gastos de alojamiento generalmente incluye: gastos de electricidad, agua, internet, calefacción, lavandería, acceso y uso de todas las áreas comunes del lugar. Aun así, puede variar según el lugar donde hagas el voluntariado. 

Hay algunos lugares, como en las zonas rurales, en donde el acceso de internet es limitado. También puede pasar que si elegís un voluntariado en una casa con bebés, la familia no posea wifi ya que no quieren perjudicar la salud de su familia por las radiaciones electromagnéticas. Esta información suele también estar indicada en la oferta del voluntariado.

Comidas cubiertas

Al igual que el alojamiento, las comidas también están cubiertas. Generalmente, las comidas cubiertas son: desayuno, almuerzo, cena y hasta las meriendas o coffee breaks. Esto puede variar, pero incluso en tus días libres, podrás acceder éstas las comidas

Puede que tu anfitriona o anfitrión sea la persona que te prepare las comidas, lo hagas vos misma/o o cocinen juntas/os. También, hay voluntariados en donde te dan dinero para que compres lo que quieras comer y te prepares tus propias comidas. Esta información también se comunica en el aviso de oferta del voluntariado.

¿Qué gastos no están incluidos en un voluntariado?

Los gastos que generalmente no están cubiertos son: seguro de viaje, gastos de visado, artículos de cuidado personal, indumentaria y traslado desde/hacia el lugar donde está el voluntariado. 

Aun así, a mi me han provisto de indumentaria cuando hice mi primer voluntariado en Dinamarca. También pude usar los productos de cuidado personal que dejaban otros voluntarias/os. Además, en la gran mayoría de los casos, se acuerda que te pasen a buscar, ya sea en la estación de buses o de tren o aeropuerto, varía según el caso.

Pocket money

Comúnmente no sucede, pero es posible que tu anfitriona o anfitrión te ofrezca pocket money, es decir, un dinero extra para gastos propios y corresponde por las horas extras que trabajes. Esto quiere decir que cuando excedas las 20-25 horas semanales, se puede llegar a considerar un trabajo que debe ser remunerado (siempre depende de la legislación laboral de cada país) y por lo tanto, la anfitriona o anfitrión debe pagarte por las horas extras

Crear tu perfil

En las plataformas de voluntariados se debe crear una cuenta, podés usar Workaway haciendo click aquí. En tu cuenta deberás informar algunos datos como: tu nombre, edad, los idiomas que hablas, en qué lugares del mundo querés hacer voluntariados, tus intereses, tus habilidades, fechas de viaje, alergias o preferencias alimentarias, si posees licencia de conducir, una breve descripción tuya, entre otros. Esta información es importante tenerla actualizada y fiel a la realidad ya que algunas veces hay anfitrionas/es que buscan voluntarias/os buscando en la base de datos de la plataforma

En el caso de Workaway, está la opción de crear una cuenta en conjunto con otra persona, ya sea pareja, familia o amiga/o. De esta manera, la anfitriona o anfitrión sabe que recibirá dos personas en vez de una

Referencias de anfitriones y voluntarias/os

Una vez que hayas finalizado el voluntariado, podés (y es recomendable que lo hagas) dejar una referencia en el perfil de tu anfitriona o anfitrión, para que otras personas tengan una mejor idea de cómo es el voluntariado desde el punto de vista de alguien que ya lo ha hecho

También, tu anfitriona o anfitrión, te escribirá una referencia para que las personas de otros voluntariados sepan cómo te desenvuelves y tengan una mejor idea de tu personalidad.

¿Cómo elegir un buen anfitrión o anfitriona?

La mejor manera de elegir un buen anfitrión o anfitriona es leer con atención en el perfil. En caso de que haya algo de tu interés que no esté en el perfil, por ejemplo: conexión de wifi, los horarios del voluntariado, si podés registrarte en esa dirección (yo lo he hecho con mis anfitriones de Dinamarca, Alemania y Francia, mis experiencias las podés encontrar al final de este artículo); consultá por mensaje al anfitrión o anfitriona las dudas que tengas

Por otro lado, leé las referencias en el perfil del anfitrión o anfitriona para que tengas una mejor idea sobre cómo es el voluntariado, las tareas, los descansos, tiempo libre, el lugar, etc. 

También podés comunicarte con otras/os voluntarias/os que estuvieron en el voluntariado de tu interés

Haciendo esta investigación sobre tu futuro/a anfitrión/a, podrás tener más recursos para elegir un buen anfitrión o anfitriona. Si bien esto no te asegura que también tengas una buena experiencia, es muy probable de que sí lo sea! 

En mi caso, he tenido tanto buenas como malas experiencias pero aún así me parece que es una manera de viajar que te pone a prueba, permite que puedas conocer otras realidades y de una forma u otra, te enriquece

¿Qué hago si tengo inconvenientes con mi anfitrion/a?

Después de años de usar workaway, viví una situación que jamás creí queme sucedería: ser acosada por mi anfitrión. Esta situación sucedió en menos de 24 horas de haber llegado a la casa de mi anfitrión y en medio de una situación de pandemia me puse a buscar un nuevo/a anfitrión/a. En cuanto conseguí un nuevo lugar, me fui e hice la denuncia en la plataforma de workaway.

Se puede hacer de 2 maneras:

  • A través de una referencia confidencial para que sólo lo pueda ver el personal de workaway.
  • Denunciar el perfil del anfitrión adjuntando denuncia policial y pruebas.

En mi caso, opté por la primera opción ya que el acoso había sido verbal. El personal de workaway abrió una investigación y mientras tanto el perfil de esa persona está offline en la plataforma. Esto quiere decir que hasta que el personal de workaway decida qué hacer con el perfil de esa persona, nadie podrá hospedarse con él.

Al momento de escribir este artículo aún no se ha tomado una decisión. Cuando el personal de workaway me comunique que decisión ha tomado, lo estaré informando en este espacio.

Espero que esto les sirva de ayuda y no estropee su viaje!

¿Cuándo deberías hacer un voluntariado?

Es recomendable que lo hagas cuando quieras estar mucho tiempo en un lugar o tengas pensado mudarte a un nuevo país, ya sea por estudios, prácticas, trabajo o  cuando haces una visa Working Holiday. Los motivos pueden ser muchos!

Los voluntariados son una buena opción ya que podés hacer los trámites que necesites como registrarte en el país, abrir una cuenta del banco, etc. También es una ventaja cuando querés buscar alojamiento ya que podés ver personalmente la vivienda. De esta manera, podés conocer el barrio, entre otros aspectos del lugar.

Mi experiencia como voluntaria

Hasta ahora he trabajado como voluntaria en Europa mientras hacía las visas Working Holiday. He tenido buenas y malas experiencias, aún así, en todas aprendí algo nuevo y siento que crecí viajando gracias a eso.  De a poco, estoy compartiendo cada una de ellas.  

Podés leer:

Mi experiencia de Workaway en Dinamarca haciendo click aquí.

Mi experiencia de Workaway en Francia haciendo click aquí.

Mi experiencia de Workaway en Alemania haciendo click aquí.




Ojalá que esta guía te haya servido de ayuda! Si querés, podés comentar qué  te pareció y si tenés alguna duda o sugerencia, escribila en los comentarios!

Si conocés a alguien que le pueda servir esta información, compártela!

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Lo que me dejó estos 4 años de nómada

Siempre me costó describir el estilo de vida que adopté los últimos 4 años aunque creo que la mejor definición es que soy nómada. También se me dificulta poder compartir todo lo que me pasó, porque fueron muchas cosas, especialmente en lapsos de tiempo muy cortos. Aunque estoy acostumbrada de toda la vida a experimentar cambios radicales en muy poco tiempo. Aun así me encantaría compartir lo mejor posible la metamorfosis que tuve durante todo este tiempo aunque también estoy en proceso de modificar otras cosas. Así que acá va mi mejor intento. 

Las sorpresas que tuve 

Apenas comencé mi viaje, siendo soltera toda mi vida, conocí el amor. Este ha sido la mayor de mis sorpresas y a quién estoy enormemente agradecida ya que fue mi mayor apoyo en gran parte de esta nueva modalidad de vida.

Una vez me dijeron que las almas viajeras tiene un ángel de la guarda. Cada vez estoy más convencida de eso. Hubo situaciones es las que estuve muy complicada y de la nada, apareció alguien para salvarme.

Toda una vida creyendo que los ingleses eran de lo más educados y me encontré con que no son tan así y tampoco tan bien vistos en Europa.

Aún me sorprende cómo una frontera puede generar enemistades. Aún más que haya mas regionalismo que patriotismo en algunos países.

Aún me sorprende que en un solo país se hable distintos idiomas. También que de los europeos que conocí, en promedio hablan 4 idiomas fluidamente.

Cada vez que conozco personas de distintas partes del mundo me doy cuenta que somos más parecidos que distintos sin importar de dónde hayamos crecido. Suena muy cliché pero es cierto.

Ver nevar creo que es una de las cosas que más me alegran el día. Han pasado años desde que vi nevar por primera vez, y aún sigo sorprendida de cómo reacciono cada vez que veo nevar o nieve. Parezco una nena a la que le dieron el mejor regalo de cumpleaños.

Fui voluntaria por 3 meses en un colegio cerca de Faaborg, Dinamarca. Este es una postal de la nevada que hubo a los pocos días de haber llegado. Fuente: Cinthia de Creci Viajando.

Acostumbrada a ir a bares en donde podía pedir pizza o algo para compartir con amigas/os, me sorprendí que en varios lugares de Europa no ofrecen un menú de comida, como mucho pochoclos (palomitas de maíz) o papas fritas de paquete. Y esto me lleva a que entendí la diferencia entre chips y fries. Creo que por eso mucha gente se emborracha con mayor rapidez.

Me sorprendí de lo diminutos que son los baños en algunos departamentos de Copenhague. Especialmente en el primer departamento que alquilé con una amiga, en dónde nos bañábamos prácticamente arriba del inodoro. Aun no sé cómo me acostumbre a vivir así por un par de meses.

Lo que aprendí

Aprendí a tener una mayor sensibilidad cultural aunque a veces me cuesta entender ciertos comportamientos.

Aprendí que no puedo vivir con mujeres de mediana edad. Lo he intentado un par de veces y no puedo, son demasiado para mí. Excepto con una señora inglesa que fue mi anfitriona en un voluntariado que hice en Francia, un amor de mujer! Tal vez me cautivó con su sexy acento. Sí, amo el acento inglés, creo que es el más sexy sobre la faz de la Tierra! 

Aprendí a confiar en desconocidos. 

Aprendí a ser más fiel a mi misma.

Aprendí a ser más caradura.

Aprendí que en esta vida una debe hacer lo que quiere y no lo que los demás esperan de mi, sea mi familia o amistades. Porque más allá que quienes nos rodean quieran lo mejor para una, no siempre la respuesta esta en sus propuestas, sino en dónde nos sentimos mejor. La solución la tenemos en nuestro interior y nadie mejor que una misma sabe dónde se siente feliz y qué nos hace bien.

Aprendí a salir a la calle aunque haga frío o esté nublado, todo para amigarme con este tipo de climas. Ni bien llegué a Dinamarca me recomendaron a salir al menos 10 minutos todos los días para acostumbrarme al invierno nórdico y es lo que trato de hacer cada temporada.

Aprendí sobre mi propia cultura estando fuera de mi país. Sí, a pesar de mis rasgos, a veces siento que soy lo menos representante de mi país. 

Aprendí sobre el Tango estando lejos de Argentina. Me encontré con extranjeros apasionados por este tipo de danza, que me enseñaron y hablaron tanto de él que terminé viendo películas e interiorizando en el tema, aunque no tanto como para bailarlo, ya que eso sería dar un paso muy grande.

Aprendí cómo cebar mate. Nunca me consideré matera, de hecho sólo tomaba mate cuando estudiaba en la facultad o con amigas. Siempre lavado y dulce, un pecado según los defensores del mate. Durante estos años, todas las personas que me encontré tomaban el mate amargo y caliente, el mate tradicional, nada de hierbas aromatizadas ni cáscaras de naranja como he hecho en algún momento. Así que me acostumbré a tomarlo así y he comprado yerba simplemente para poder compartir unos mates con amigos. Adopté la cultura del mate estando fuera de mi país, tomar unos mates me hace sentir más cerca de Argentina. Como si fuera poco, hoy no puedo tolerar un mate dulce y lavado.

Aprendí a tomarle cariño a Francia Había visitado París en el 2012, después de tener una mala experiencia con los locales me prometí volver si sabía francés o con alguien que supiera. No hice ni una cosa ni la otra, volví sabiendo decir solo “Bonjour” y terminé aprendiendo francés a la fuerza. Tuve la fortuna de encontrarme con una familia que no hizo más que mimarme en casi toda mi estadía en Francia. Así derivé mis prejuicios sobre los franceses, aunque aun los tengo con respecto a los parisinos. Algún día lo probaré… o eso espero! Hoy hablar de Francia me traslada a Bellevaux y recuerdo lo consentida que fui. 

Aprendí que las personas cambian según su contexto y sus experiencias. Cuando volví a Argentina luego de casi un año afuera, una de mis amigas me dijo que estaba cambiada. Ni siquiera me había dado cuenta de eso. A partir de ahí soy más consciente de eso y cómo voy cambiando con el paso del tiempo. 

Aprendí a andar a mis tiempos y no al paso de los demás.

Aprendí a escribir en lápiz mis planes porque cambian todo el tiempo.

Aprendí a abrazar la idea de perderme en una nueva ciudad.

Aprendí que las cuadras en Europa son irregulares y que aún no es posible para mí tomar atajos.

Aprendí a salir de mi zona de confort tantas veces… que mis límites cada vez se extienden más.

Aprendí nuevos idiomas y creé mi propia ensalada lingüística. He llegado a mezclar inglés, francés e italiano para hacerme entender. Saber más de dos idiomas es un arma de doble fijo. A veces es una ventaja porque podes relacionarlos entre sí aunque otras veces no hace más que confundirte. También me han tratado de tonta cuando no hablo con fluidez una lengua.

Aprendí a apreciar la sidra y el vino rojo. Si bien no me gusta la cerveza, estando en Europa me abrí a la idea de que tal vez exista una cerveza que me guste, y de hecho la encontré y me la bebí como agua. Mi cerveza preferida es la de arándanos (muchos dirán que eso no es cerveza pero en la carta decía que sí, así que lero lero!) y la encontré en un bar de Riga, Letonia. 

Aprendí a soltar cosas y más tarde personas. Confieso que lo primero es mucho más fácil que lo segundo. 

Antes de emprender este viaje que aún termina. Regalé, vendí y tiré muchas de mis pertenencias. Aunque para ser honesta, nunca he sido una persona que invierta en cosas materiales. La imagen es de 2 días antes de entrar el monoambiente en el que vivía en Buenos Aires. Fuente: Cinthia de Crecí Viajando.

Aprendí a acercarme y alejarme de las personas según la energía que emanan.

Aprendí a quererme y exigir que me respeten. Me llevó años porque he tolerado que me griten cuando empecé a viajar.  Hoy no me quedo callada ante una situación de humillación.

Aprendí que cuando dejo las cosas fluir, aparecen mejores oportunidades. A veces tantas y tan buenas que no sé qué camino tomar.

Aprendí a trazar mi camino según las opciones que se me aparecen a cada paso y divertirme a armar el rompecabezas mentalmente. A veces creo que mi cabeza es un árbol de decisiones. Pensar que pasé noches resolviendo árboles de decisiones en Teoría de la Decisión para la facultad y fallé unas cuantas veces porque siempre olvidaba tener algo en cuenta. Esto aún me sigue pasando… maldita y entrometida variante no controlable

Aprendí a viajar lento, quedarme más tiempo donde me siento más cómoda y moverme cuando no la estoy pasando bien.

Aprendí a andar en medias por la casa como parte de mi rutina. Porque en gran parte de Europa la gente se descalza cuando llega a una casa.

Esta es la entrada del primer departamento que alquilé en Copenhague, Dinamarca. Fue durante las fiestas de Fin de Año de 2015. Fuente: Cinthia de Crecí Viajando.

Aprendí que no siempre podes hacerte tiempo para encontrarte con tu gente. Antes creía firmemente que si querés ver a alguien te hacías el tiempo para hacerlo. Con el tiempo me di cuenta que algunas veces es difícil coordinar agendas que son poco compatibles. 

Aprendí a respetar a las amas de casa. En Brescia tuve la oportunidad de quedarme en la casa de la hermana de una amiga que es ama de casa. Conviví con ella y su familia un par de días y desde el primer momento me di cuenta lo tedioso que es encargarse de los quehaceres de una casa y estar presente para lo que necesite tu familia. Esto cambio mi prejuicio de que las amas de casas “no hacen nada durante todo el día”.

Aprendí a ubicar en el mapa países que desconocía y los descubrí mientras viajaba. También aprendí de sus historias a través de la gente local.

Aprendí que sin buena salud no se puede disfrutar a pleno la vida. He llegado a tener tanto estrés mientras fui homeless que me enfermé durante una semana y mágicamente me curé en el momento que conseguí techo.

Aprendí a tomar las experiencias de otros como algo que puede a llegar a pasarme y no esperando a que suceda.

Aprendí a abrazar más, a decir “te quiero” o “te extraño” por miedo a ver por última vez a esa persona. Ser nómada no es fácil y esto es parte del lado B, no sabes si volverás a cruzarte con gente que fue parte de tu camino por un tiempo. No importa si estuviste con ellas sólo por un día, una semana o meses. Tampoco si fue en el medio de un viaje o en la ciudad o el pueblo que adoptaste por un tiempo. Nunca sabes cuándo será la última vez. Abracen y digan las cosas que sienten. Se lo sacan de adentro y además ayudan a otra persona a sentirse apreciada. Es un win-win.

Aprendí a rearmarme tan rápido que me siento orgullosa de mí misma. Aunque a veces creo que no soy capaz de salir ilesa de algunas situaciones.

Aprendí a aceptar que hay personas que aparecen y desaparecen de mi vida porque creo que siempre hay un motivo.

Aprendí que no es lo mismo estar sola que sentirse sola. Sentí y pasé por ambas.

Aprendí a ser más flexiblea nuevos contextos, lo físico se los debo porque creo que en cualquier momento la espalda me va a dejar en cama por un tiempo largo. En breve pediré turno para hacerme un chequeo.

Aprendí a encariñarme con las plantas y las flores. Yo, que en toda mi vida nunca simpaticé con estos seres. Esto fue porque hace unos meses compré una albahaca con el objetivo de preparar pesto. Cuánto más pasaba el tiempo y la veía crecer, no podía arrancarle las hojas porque sentía que sufría. Sí, puede ser que esté loca y con ésta les despejo las dudas: la llamé Tenazas (si alguna vez vieron los Simpsons, sabrán el motivo) y recién cuando se enfermó, la transformé en pesto. Después llegó Tenacitas y tuvo el mismo destino. 

Tenazas es la albahaca de la derecha. Jamás había sentido tanto amor por una planta, hasta le hablaba. Locura por este ser! Fuente: Cinthia de Crecí Viajando.

Aprendí a aceptar mi pasado y de dónde vengo sin vergüenza.

Aprendí a darlo todo hasta que no poder más.

Aprendí que es mucho mejor coleccionar experiencias que cosas. Me enriquece más y también viajó más liviana. Así que gano doblemente. 

Aprendí a decir basta.

Una imagen vale más que mil palabras. Fuente: Cinthia de Crecí Viajando.

Aprendí a parar cuando ya no tengo más energía y no sobre-exigirme. Aunque confieso que no fue fácil.

Aprendí a apreciar hasta los mínimos rayos del sol, tan vital en los países nórdicos. Al principio me daba lo mismo la falta de luz hasta que volví a Argentina en un día de tormenta y, parecerá mentira, pero en ese momento me di cuenta que hasta los días nublados en Buenos Aires son más claros que en Dinamarca

Mi primer fin de semana en Hamburgo, Alemania. Era enero de 2018 y la gente tomaba sol de una manera muy tipica de los países nórdicos. Fuente: Cinthia de Crecí Viajando.

Aprendí a estar preparada para la burocracia, que a veces me hace sentir como en casa y no en el buen sentido. 

Aprendí a convivir con personas de otras partes del mundo y ver la vida desde otra perspectiva.

Aprendí a no dar todo por sabido o sentado.

Aprendí a convivir con otros climas, muy distintos a los que estaba acostumbrada.

Recuerdo de la nevada en Sarajevo, Bosnia y Herzegovina. Fuente: Cinthia de Creci Viajando.

Aprendí a ser más paciente aunque todavía me cuesta. Lo mismo con la ansiedad.

Aprendí que el dinero va y viene, así que si debe irse que al menos sea por algo que lo valga.

Aprendí a dejar libre a las arañas cada vez que puedo y evitar matar insectos, porque entendí que cada ser tiene una función en esta vida.

Aprendí a explotar mis virtudes e identificar mejor mis defectos.

Aprendí a aceptar las elecciones de vida de mis amigas y ellas las mías. Creo que es una de las mejores demostraciones de amor por otra persona. Aceptar las elecciones de un ser querido y acompañar sin cuestionar

Aprendí a aceptar regalos de desconocidos porque una vez me dijeron que hay que aceptar todo lo que se da con buenas intenciones. Así es como tengo en mi porta-documentos una estampilla de San Luca que me dio un pintor en Bologna cuando le dije que me encantaría llevarme una de sus pinturas pero tenía miedo de arruinarla en la mochila. En el mismo viaje, esta vez en Pompei, un vendedor me regaló un colgante lleno de cuernitos rojos que me recordó a mi niñez. Aún lo tengo en mi cartuchera. Así, tengo un montón de pequeños regalos.

Aprendí qué ser puntual en varios lugares de Europa significa llegar 10 minutos antes y no un punto. 

Lo que descubrí 

Descubrí que nadie elige dónde nacer, por eso deberíamos ser más empáticos con otras culturas. 

Descubrí, después de muchos años, una profesora de Danzas Árabes que me deja “hacerme la Shakira” al bailar. Eso no significa que lo haga con éxito porque por lo general estoy pendiente de lo que hace la profe y cuando me veo al espejo veo que no me estarían saliendo los movimientos. Algún día me van a salir a la perfección. Persevera y triunfarás!

Descubrí que si quisiera, puedo viajar completamente gratis

Descubrí que tenía habilidades y virtudes que desconocía.

Descubrí que el machismo es casi inexistente en otras partes del mundo. Sentiría que retrocedería 100 casilleros si volviese a vivir en una sociedad machista.

Descubrí la canción “Me vieron cruzar” de Calle 13 gracias a Viajeros Crónicos y no puedo sentirme más identificada con ese tema. Creo que cualquier alma viajera va a compartir este sentimiento si la escucha.

Descubrí el cargador solar portátil que se convirtió en mi compañero de viaje inseparable. Cada tanto me preguntan que llevo colgado en la mochila y me encanta explicar qué es.

Descubrí que hay más gente dispuesta a ayudar desinteresada e inesperadamente que gente que quiera hacer daño. Les aseguro que este mundo es más noble de lo que parece.

Descubrí que es más probable que la gente que viaja te habrá las puertas de su casa como si te conociese de toda la vida.

Descubrí que hay una gran diferencia entre viajar y vivir en un lugar. Cuando llegué a Londres, creí que la utopía existía. Es contradictorio por definición, lo sé, pero así lo creí por años hasta que con el tiempo entendí que no era posible. Aun así descubrí que tener un estándar de vida alto teniendo un trabajo no calificado es posible.

Descubrí que viajar cansa y mucho. Creo que es porque cuando llego a un nuevo lugar quiero conocer cada rincón y tengo hambre de mundo. A veces más grande de lo que mi cuerpo puede soportar.

Nuevos hábitos

Empecé meditación y yoga. Algo que vengo postergando hace años aunque no soy constante.

Cambié el shampoo líquido por el sólido

Desde 2018 uso shampoo sólido pero el de la imagen lo compré en Suecia y me duró 5 meses. Fuente: Cinthia de Creci Viajando.

Cambié el desodorante a bolilla por la piedra de alumbre

uso piedra de alumbre desde 2017. Fuente: Cinthia de Creci Viajando.

Cambié los cepillos de plástico por uno eléctrico. Tengo uno de bambú pero lo uso para otros fines.

Cambié los jeans por las leggings, y no las cambio por nada. Creo que empecé a hacerlo porque subo y bajo de peso con cierta frecuencia. También ocupan menos lugar en la mochila. Otro punto a favor.

Cambié los tacos por las zapatillas, y qué agradecida estoy de haberlo hecho! Aunque cuando alterno por los tacos creo que camino chueca.

Adopté en mi rutina nuevos condimentos y comidas que descubrí en mis viajes. 

Adopté el Ajvar, proveniente de los Balcanes, en mis desayunos.

Nuevos desafíos

Trabajé en el campo de madrugada. Aprecié cada amanecer aunque también padecí los dolores de espalda como consecuencia de este tipo de trabajo.

Postal de mis días trabajando en el campo. Fuente: @creciviajando.

Dormí como sardina con más de una persona en una cama de una plaza que para colmo parecía de papel. De más está decir que no dormí prácticamente nada y mi espalda lo padeció.

Anduve en bici bajo la lluvia, con el viento en contra, bajo y sobre la nieve. Hasta he bicicleteado con temperaturas que llegaron a los -21º C y no me congelé en el intento. Como consecuencia, me caí un montón de veces, tanto que aún tengo moretones en las rodillas. Gracias Foodora!  

Los cambios que hice y tuve al viajar

Adelgacé, engordé y volví a adelgazar tantas veces que ya me da lo mismo. Tal vez y sólo tal vez, me preocupe en un par de años cuando vea las consecuencias pero mientras tanto, let it be!

De toda la ropa que traje conmigo, apenas conservo unas pocas prendas y pañuelos. Aunque confieso que si pudiera, sería capaz de vestirme solo con pañuelos.

Postal de la cantidad de pañuelos que tenía cuando vivía con una amiga en un departamento en Copenhague, Dinamarca. Fuentre: Cinthia de Creci Viajando.

Cambié una valija de 23 kilos por una mochila de 40 litros. Aunque tuve una transición hacia una valija carry on de 10 kilos.

Cambié Buenos Aires, una ciudad de casi 3 millones de habitantes, por pueblos de apenas 200 habitantes o hasta ciudades que no llegan a los 7000 habitantes. A veces me aburrí y otras veces agradecí encontrar paz en un lugar sin tránsito.

Antes escuchar bocinazos o el ruido del tránsito era sinónimo de sentirme en casa. Hoy no puedo tolerar la contaminación auditiva.

Cambié un celular Samsung por un Iphone y no veo la hora de cambiarlo por cualquier otra marca. No quisiera volver a tener un Iphone. 

Cambié la tarjeta de crédito por la de débito y qué bendición! Ya no sufro el estrés de no llegar con el dinero a pagar el resumen de la tarjeta de crédito. Ahora pago con lo que tengo y listo. Bueno… confieso que a veces pido prestado pero lo devuelvo al corto plazo y todos felices. 

Cambié mi forma de pensar sobre tantas cosas porque conocí otros puntos de vistas válidos y los adopté como propios.

Me animé a aceptar nuevos sabores, de decir “ no me gusta” (sin haber probado antes) a “jamás lo probé” y darle una oportunidad.

No me gusta la comida picante aunque empecé a cocinar con pimienta pero hasta ahí me animo. 

Antes sólo extrañaba a mis perros, Lucky y Tango (dos culitos hermosos!). Pero con el tiempo empecé a extrañar a mis amigas y a varias de las personas que conocí en estos últimos años. Hay gente que me la llevaría conmigo a todos lados para no extrañarlas.

Me encantaría estar con mis amigas cuando les pasan cosas lindas y festejar con ellas. También cuando pasan por un momento feo y poder abrazarlas aunque solo tengo que conformarme con mandarles un mensaje o un audio (qué cuanto más largo mejor, tengo el record de 11:25 minutos, sorry Eli!) porque además de la distancia nos separan las diferencias horarias. No es fácil estar lejos cuando me encantaría estar cerca y en muchos lados al mismo tiempo.

Los miedos que vencí

Perdí el miedo a convivir con desconocidas/os

Perdí miedo a los hombres. Una de las cosas que me animé en Dinamarca fue convivir con un hombre desconocido para justamente perder este miedo. Desde entonces siempre les digo a mis amigas que se animen a tener esta experiencia para que vean por sus propios ojos que no todos los hombres son machistas ni buscan hacerte sentir incómoda.

Perdí el miedo a caminar sola o a bicicletear en plena madrugada. He llegado a caminar al costado de la ruta en plena noche en dónde sólo podía iluminarme algún auto al pasar cerca o al caminar cerca de una casa ( la distancia mínima entre cada una era de unos 200 mts). Imprudente? Puede ser, pero creo que no lo haría en mi país, en Dinamarca me sentía totalmente segura. Aunque confieso que mi único miedo es que me suceda algo con la probabilidad que me descubrirán con la luz del día siguiente

Sólo a veces…

A veces creo que tengo problemas del primer mundo, hasta bromeo con eso, cuando antes tenía del tercer mundo y ahí si que no era gracioso. Parece que los problemas son una constante en la vida pero hay que aprender a resolverlos lo mejor posible y a pedir ayuda cuando es necesario. 

A veces no tengo la menor idea del día que es, salvo en los períodos laborales.

A veces me siento invencible, otras creo que una leve brisa puede tirarme al suelo.

A veces quisiera estar acá y allá, partirme en mil pedazos y estar con todas las personas que quiero. Creo que esto ya lo dije pero es como me siento.

A veces quisiera irme a un lugar dónde predominen los animales y la naturaleza.

A veces quiero estar sola, otras veces necesito estar rodeada de mi gente

A veces vivo situaciones incómodas porque no tengo la menor idea de cómo saludar a un desconocido por primera vez.

A veces me han preguntado y hasta han dado por hecho que estoy escapando de mis problemas. Lamento decirle a esas personas que nadie puede escapar de sus problemas. Vayas a donde vayas tus problemas irán con vos y está bueno que sea así porque te ayudan a ver todo desde otra perspectiva y te ayuda a solucionarlos de una manera que no hubieses imaginado.

De todas mis posesiones, tengo más regalos que cosas propias. 

Abrazo la idea de moverme diariamente en bicicleta aunque extraño mis rollers y me los traería, si no fuese por el pequeño y gran detalle de que son pesados y ocupan mucho lugar… ah, y no entran en la mochila. Dejarlos colgando fuera de la mochila no sería una opción, son muy incómodos.

Postal de mi rutina en Copenhague, Dinamarca. Ir a trabajar en bici. Fuente: @creciviajando.

Si pudiera volvería una y mil veces a abrazar y dormir con Lucky. Tantas veces extraño su calor que es en los únicos momentos que me planteo si hice bien en irme de casa y dejarla con mi familia. ¿Será que el amor animal es así de grande y puro que te marca de por vida?

Lo que aún me queda por modificar

Parecerá que me creo la Madre Teresa de Calcuta pero aún me cuesta poner mis intereses por delante del de los demás pero lo estoy intentando.

Todavía estoy tratando de sacarme la costumbre de comprar en locales de ropa baratos y optar por los locales de segunda mano

Aun no he hecho auto-stop sola (si acompañada y sólo una vez, en El Chaltén porque podía perder el bus para volver a El Calafate) aunque tengo muchas ganas de hacerlo, sólo necesito animarme. 

Cada vez que veo mis defectos en otra persona, me doy cuenta cómo pueden llegar a verme los demás, siento rechazo por esa persona y principalmente por ese aspecto en mí. No busco la perfección sino ser una mejor persona.

Emociones a flor de piel

Más de una vez he querido que algunos momentos sean eternos, otros que terminen lo antes posible.

Una de las mayores alegrías que puedo tener es la aprobación de una visa Working Holiday porque durante todo el proceso, aunque por lo general me parece fácil y simple, empiezo a dudar hasta de mi nombre. 

Desde que empecé este estilo de vida, saltando de país en país, todo se volvió intenso. Mis relaciones, mis sentimientos… que provoca que llore a mares, ya sea de felicidad o de dolor. Siento que se me explota el corazón de felicidad cuando sucede algo que vengo deseando hace tiempo. La alegría es tan inmensa que no hay nada que pueda sacarme la felicidad que tengo en esos momentos.

Estoy agradecida de…

Haber dejado de ser señalada como la “anti-hombres”. Porque en Argentina fui etiquetada así más de una vez. En los países en los que viví los últimos años, jamás sentí que ser feminista sea una mala palabra. Creo que sólo una sociedad madura puede ver a todas las personas como iguales sin importar su sexo.

Alejarme de personas sin buscarlo y naturalmente, y acercarme a aquellas con quienes me siento más identificada.

Tener finalmente un estándar de vida en el cual tengo mis necesidades básicas cubiertas

Poder elegir. Porque conocí personas qué su única opción era huir.

¿Por qué aún elijo ser nómada?

Recuerdo de mi último día en San Vito Lo Copa, Italia. Fuente: Cinthia de Creci Viajando.

Es por eso que, más allá de que haya pasado momentos difíciles y muchas veces me haya sentido derrotada y al borde de las lágrimas, todo lo que aprendí hizo que valga la pena. 

Porque desde que viajo, me siento más viva que nunca y estoy más enamorada del mundo. Muchas veces me arrepiento de no haber empezado antes para coleccionar más recuerdos, que son los que me vivirán conmigo hasta el último de mis días en este mundo

Hey, puede ser que en algún momento me cansé o cambie de parecer, ese momento aún no llegó. Sinceramente sé que una vida no me va a alcanzar para recorrer todo el mundo o los lugares que quiero conocer pero estoy haciendo el intento.

Si llegaste hasta acá, te lo agradezco y también espero que puedas animarte a darle una oportunidad, aunque sea por un rato, a esta experiencia de vida. Porque va a enriquecerte más de lo que creés.




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