Crecí Viajando

Vivir, Trabajar y Viajar por Europa sin pasaporte europeo

Mi experiencia con la visa Working Holiday en Alemania: parte II

Después de mi viaje por Europa, volví a Hamburgo para trabajar durante la temporada de verano. Aun con las energías renovadas y lista para mi nueva etapa en Alemania, la búsqueda laboral y habitacional fue más complicada de lo que esperaba.


Buscando trabajo

Traté de volver a Foodora pero me dijeron que mi visa sólo me permitía trabajar por 6 meses y ya había trabajado con ellos 2 meses. Por lo tanto, no me harían un contrato por menos de 6 meses

Así que empecé con la búsqueda laboral. Me llamó la atención que varias vacantes para puestos, como por ejemplo: de Housekeeping, era obligatorio hablar alemán con fluidez y tener licencia de conducir. Si bien busqué en varios rubros, viendo los requisitos para un trabajo simple, me dio la sensación que encontrar trabajo iba a ser más difícil de lo que pensaba.

Por primera vez, después de un mes buscando no encontraba y eso que era temporada de verano. Era la primera vez que tardaba más de una semana de encontrar trabajo. Por eso, empecé a considerar la posibilidad de mudarme a Berlín ya que la oferta laboral era mayor. Aun así me daba pena dejar al grupo de amigas/os que me había hecho al poco tiempo de haber llegado a Hamburgo

Cuando ya estaba considerando la idea de mudarme de ciudad, empecé a recibir llamados para entrevistas laborales. En uno de los lugares donde me llamaron para conocerme, ahí me dijeron que no habría problema de que no hablase alemán. Después de una semana me llegó el e-mail de que no había obtenido el puesto de trabajo por no hablar alemán

Finalmente, después de una semana llena de entrevistas, obtuve 2 trabajos! Uno era en un local de vinos bajo la modalidad de minijob. Simplemente tenía que limpiar después de los eventos. También conseguí trabajo full time en el hostel de la cadena Generator, bastante conocida en Europa. Más allá de eso, para mí el edificio del hostel tenía un plus: había sido el lugar donde los Beatles grabaron su primer CD mientras vivieron en Hamburgo en sus primeros años de carrera! Como fan del grupo, ir a trabajar pensando eso, era un placer!

Trabajar donde grabaron Los Beatles. Fuente: Cinthia de Crecí Viajando.


Trabajar donde grabaron Los Beatles

El puesto de trabajo al que me había postulado en el hostel era para ser parte del equipo que correspondía a las comidas y bebidas, es decir: el bar, café, desayuno buffet y cocina. Aun así, principalmente iba a estar trabajando en la cocina. Aunque no me caracterizo por mis habilidades en la cocina, mi jefe me recalcó que no debía hacer platos muy elaborados y que estaba seguro que podría hacerlo. 

Era la primera vez que trabajaba en en una cocina. Por lo tanto, aprendí un montón! Además de cocinar, tenía que lavar los platos. Además, cuando trabajaba por la mañana, preparaba con mis compañeras el desayuno buffet

Reconozco que me sentía mucho más cómoda trabajando durante el desayuno. Me parecía más entretenido, fácil, práctico y el tiempo se me pasaba volando! Cuando quería darme cuenta ya estaba libre a las 14:00 y tenía por delante toda la tarde!

La ventaja de trabajar en el hostel fue que prácticamente trabajaba en español ya que mi jefe era chileno y la mayoría del personal en mi sector era latino. ¿La razón? Mi jefe creía que la gente latina trabaja mejor que los alemanes. Estoy totalmente de acuerdo y creo que es debido a que tanto los alemanes como los europeos reciben un subsidio por desempleo que algunas veces supera el salario mínimo. Por esta y otras razones, un latino muy probablemente contrate a alguien de Latinoamerica en vez de un europeo, a cambio que sea más beneficioso económicamente para la empresa contratar a un europeo. 

Si bien disfrutaba de mi trabajo durante la mañana, a la tarde/noche podía llegar a ser muy estresante, especialmente cuando había eventos y grupos de estudiantes. Aunque también he tenido turnos en donde prácticamente no había nada para hacer. Estuve trabajando en el hostel hasta un día antes de irme de Alemania.


Vivir en Alemania hablando español

Como mencioné antes, me hice un grupo de amigas/os al poco tiempo de llegar a Hamburgo. Además en el hostel, la mayoría eran latinos y hasta he llegado a compartir departamento con gente que hablaba español. Por lo tanto, prácticamente no hablaba ingles y mucho menos alemán. Esta era la primera vez que me pasaba de encontrarme con tanta gente latina o que hable español haciendo la visa Working Holiday.  Eso que no tenía la mínima intención de relacionarme con gente que hable español.


Cuarta mudanza

Cuando estaba de viaje por Londres, quedó libre una habitación en el departamento donde vivía una de mis amigas. Así que al volver a Alemania, ya tenía una habitación! Me mudé al barrio Rotherbaum, cerca del centro de Hamburgo y a 10 minutos en bici de mis trabajos. ¡La ubicación era ideal! Además de estar muy cerca del Alster y del Planten und Blomen, donde iba con frecuencia a tomar mate y sol durante el verano.

Planten und Blomen es ideal para ir a tomar mates. Fuente: Cinthia de Crecí Viajando.

Si bien podía quedarme en la habitación hasta cuando me fuese de Alemania, algunas de las condiciones que tenía la dueña no me parecían coherentes, como por ejemplo: estaban prohibidas las visitas nocturnas de parejas. Por otro lado, empecé a sentirme incómoda con el hecho de que la dueña entraba a mi habitación en mi ausencia. Priorizo mucho la privacidad y creí que era mejor mudarse. Además, me costó mucho obtener el Anmeldung en esa dirección. Le expliqué a la dueña que si no podía registrarme en donde vivía, ambas tendríamos que pagar una multa. Así que finalmente cedió y pude hacer el cambio de dirección

Durante los 2 meses y medio que viví en ese departamento, me mudé internamente a las 3 habitaciones que había en la casa. Primero fue porque la primera habitación en la que estaba tenía la mejor conexión de wifi se la ofrecieron a una estudiante de alemán al poco tiempo que llegué a la casa. Luego, obtuve una habitación con balcón y fue en la cual sentí menos privacidad. Por último, ya le había dicho a la dueña que buscaría alojamiento en otro lado. Por lo tanto me ofreció mudarme a una habitación más chica para que pagué menos alquiler mientras buscaba otra cosa. Además, para ese entonces no había conseguido trabajo aún. A pesar de haber acordado pagar un 50% menos de alquiler por mudarme a la habitación más pequeña del departamento, la dueña me ofreció la habitación  que había dejado mi amiga libre. Cuando pasó esto, la dueña quiso mantener su palabra y fue así como el descuento en el alquiler se mantuvo igual. Es decir, que mi último mes estuve en una habitación ubicada cerca del centro por solo €200

Postales sobre mi viaje previo a mudarme a Rotherbaum.
Fuente: Cinthia de Crecí Viajando.


Quinta mudanza

A 2 días de tener que mudarme, conseguí habitación en Hammer Kirche, a 10 minutos del centro. Si bien mi nueva compañera de piso era alemana, cualquiera que la escuchase hablar español podría decir que era colombiana. Ni hablar de que en la casa en vez de una bandera alemana había una de Colombia. Recuerdo que el día que fui a ver la habitación, en broma le pregunté si estaba segura que era alemana. Además de su acento colombiano, se comportaba más como una latina que una alemana

Ni bien nos conocimos tuvimos muy buena química! Desgraciadamente, la habitación que alquilaba estaba disponible por un mes ya que días se la había reservado a una chica peruana. Aun así me mudé. 

Así me recibió mi compañera de piso el día que me mudé a Hammer Kirche.
Fuente: @creciviajando.

La verdad que fui muy malcriada y consentida por mi compañera de piso mientras viví ahí. De hecho, me ayudó a redactar la carta para rechazar el reclamo del pago de la Licencia de Medios de la casa donde había hecho el voluntariado cuando llegué a Hamburgo. Además, una de mis amigas también me había ayudado a averiguar como podía hacer para evitar pagar algo que no me correspondía. A veces tengo la sensación de estar rodeada de la gente correcta. Siempre tuve la fortuna de tener la ayuda de alguien. Aun así, siempre me sorprende cuando la ayuda proviene de alguien que apenas me conoce o es alguien completamente desconocido! 

Algo que no tuve en cuenta cuando decidí mudarme aunque sea por un mes a Hammer Kirche fue que durante agosto y septiembre es la época del año más complicada para buscar alojamiento. Esto se debe a que los estudiantes universitarios buscan alojamiento ya que empiezan su semestre. Hamburgo, al igual que varias ciudades en Europa, se caracteriza por ser una ciudad estudiantil. Por lo tanto, la suerte que tuve un mes antes, no se volvió a repetir cuando volví a buscar alojamiento.


¡La semana más estresante en Alemania!

Cada vez que tenía tiempo libre en el trabajo buscaba alojamiento. Además, activé las alertas en todas las páginas para buscar alojamiento y en los grupos de Facebook. A pesar de haber sido lo más flexible posible, por semanas, no conseguí un lugar que se adecuara a mi presupuesto y a las fechas que necesitaba! Hasta había buscado alojamiento en hostels y hoteles pero al tener que mudarme un fin de semana y más en Europa, no había disponibilidad. Bueno, en realidad, lo más barato que había conseguido era una habitación por €100 la noche! Generalmente, el alquiler de una habitación amueblada es de €400 por mes. Me pareció una locura reservar una habitación en donde en 4 noches gastaba lo mismo que alquilando una habitación en un mes!

El día anterior a tener que mudarme, fui a ver 2 habitaciones. La primera que fui a visitar, y por primera vez, también había otras personas. Puede llegar a pasar esto si alquilas un departamento pero raramente si es una habitación. La ubicación estaba muy bien aunque la habitación estaba conectada con otra. La segunda habitación también estaba bien ubicada, la habitación también estaba conectada con la habitación de la dueña. Además, debía pagar extra por las visitas, a cambio que mi compañera de piso no estuviese en el departamento. Aunque me parecía ridículo, siendo la noche anterior a tener que dejar mi habitación, acepté. Debido a que la chica tenía que irse al día siguiente a Berlín, debía mudarme esa misma noche. Estas son sólo algunas de las condiciones que tenía para mudarme. Todo me parecía una locura y aun así tomé la decisión de mudarme igual. Creo que la desesperación del momento no me dejaba pensar con coherencia o al menos llegué a esa conclusión. Como debía pagar en efectivo el alquiler, esto no lo recomiendo para nada, debía retirar el dinero del cajero automático

Antes de volver a casa, pasé por el cajero. Para mi desgracia (o suerte) mi tarjeta quedó trabada dentro de la ranura del cajero. En ese momento creí que era lo peor que me podía pasar un viernes a la noche! Tenía que esperar hasta el lunes para poder recuperar la tarjeta. Afortunadamente, después de minutos intentando sacar la tarjeta del cajero, vino un chico y entre ambos la recuperamos. Otra vez, salvada por un desconocido! Logré sacar la tarjeta y el dinero y me fui a casa.

Al llegar al departamento, le conté a mi compañera de piso que me mudaría en ese momento. Además, le comenté sobre las condiciones de la habitación, el departamento y mi futura compañera de piso. Reconozco que las condiciones eran de las más raras que había escuchado hasta el momento pero acepté por desesperación. Mi compañera de piso me hizo entrar en razones y me dijo que no me mudara, que era una locura (tenía razón!) y que buscaríamos avisos toda la noche hasta encontrar un lugar.

Mientras hablábamos me llegó un mensaje de una mujer respondiendo mi solicitud por una habitación en pleno centro de Hamburgo. Me propuso ir a ver la habitación al día siguiente. Acordé con ella para reunirnos después del trabajo. 

La habitación tenía una ubicación privilegiada, en pleno centro, a menos de 5 minutos en bici del trabajo! Estuvimos hablando por 2 horas sobre las condiciones del alojamiento. Algunos de los temas que tratamos fueron: las restricciones en algunos espacios de la casa,  la conexión de Wifi, período de alquiler y el Anmeldung

Una de las condiciones que tenía la mujer sobre el departamento era que el living no se compartía ya que estaba conectada con la habitación de la dueña. Me pareció válido y acepté. Lo que me llamó la atención fue que cuando la dueña tuviese reuniones de trabajo yo no podía estar en el departamento. Algo a lo que podía ceder pero aun así me parecía rara la petición. 

Respecto a la conexión de Wifi, yo debía contratar mi propia proveedora o debía pagarle €20 extras, es decir, además del alquiler. Negocié que los gastos de Internet sean incluidos en el pago del alquiler. Luego, me pidió que no realice ninguna descarga online. En varias partes de Europa, como en Alemania y Dinamarca, muchas descargas online están prohibidas y penalizadas. En Alemania, la penalización es de hasta una multa de €1500 por hacer un tipo de descarga online que no corresponda. Le aseguré que sólo veía videos por Youtube, me empezó a cuestionar si era legal ver videos por Youtube. Le respondí que era legal pero podía googlearlo para asegurarse. Como forma de garantía, debía darle una copia de mi pasaporte por si llegase una multa con el IP de mi laptop.

Otra de las condiciones fue que pagase el mes de diciembre completo, aun cuando a principios de ese mes me iría de Alemania. Este punto si traté de negociarlo ya que su fundamento era que la gente cuando se va de vacaciones sigue pagando el alquiler, lo cual era cierto. Pero en mi caso, si bien pensaba irme de viaje al terminar de visa Working Holiday, también me iba del país! Por lo tanto, no era la misma situación que la gente que vuelve de vacaciones. 

Por último, hablamos del Anmeldung. Después de explicarle por varios minutos los motivos  por el cual lo necesitaba y cómo era el procedimiento, aceptó darme la dirección para hacer mi registración en el departamento. 

Como comenté antes, no recomiendo para nada pagar un alquiler en efectivo, excepto que te entreguen un recibo de pago a cambio. Para asegurarme de tener la habitación reservada, antes de irme le pagué el mes de alquiler y le pedí un recibo de pago. Acordamos que el depósito se lo pagaría entre el lunes y el martes por transferencia bancaria.

Volví a mi antiguo departamento y le conté a mi compañera de piso que había conseguido lugar. Ella junto a un amigo de ella me ayudaron con la mudanza. Llegamos, dejamos las cosas, intercambiamos apenas unos minutos con la dueña del nuevo departamento y fui a acompañar a mi ex compañera de piso y su amigo a la puerta del departamento. Cuando nos despedimos,  mi ex compañera de piso me advirtió que tuviese cuidado con la mujer ya que tenía un mal presentimiento. Sinceramente, me sorprendí porque apenas interactuó con la mujer en menos de 2 minutos! Además, jamás creí que al volver al departamento se iba a materializar ese presentimiento. 

Al entrar al departamento, la dueña me dijo que debía pagar por la conexión de wifi como un gasto extra.  Además, me dijo que no podía darme la dirección para hacer el Anmeldung. Le expliqué que habíamos acordado los términos por 2 horas durante mi visita antes de mudarme, no podía cambiarme las condiciones tan repentinamente y recién mudada. Le insistí que si no podía registrarme en el departamento, no podía quedarme. Realmente necesitaba más que nunca registrarme! La nueva compañera de piso de mi antiguo departamento debía registrarse en donde yo vivía antes. Si yo no me registraba en una nueva dirección, seguiría con mi Anmeldung en mi antigua dirección. Por lo tanto, la nueva inquilina no podría registrarse. Por eso, empecé a preocuparme ya que debido a un cambio de parecer de la dueña, podía perjudicar a alguien más y no me parecía justo.  Con respecto a la conexión de wifi, me ofreció pagar €10 en vez de €20. No cedí ya que en ese momento me daba la sensación que la dueña no estaba siendo sincera. Es cierto que la diferencia de dinero no es mucha pero me empecé a preguntar: ¿Por qué esta mujer cambió de parecer en cuestiones de horas? ¿Al día siguiente vendría con otros cambios de condiciones? Por lo tanto, le remarqué que si las condiciones no se mantenían como habíamos acordado antes de mudarme, no podría quedarme. En ese momento dijo que lo pensaría y me lo confirmaría al día siguiente. Desde esa noche empezó la peor de mis semanas desde que era nómada. Aun así esa misma noche prácticamente no dormí. Me la pase entre llantos y vómitos hasta que sonó la alarma a las 5:30. Ese día tenía que trabajar en el desayuno del hostel. 

Llegué al trabajo tan angustiada que cada vez que tenía ataques de tos terminaba vomitando. Todo lo que tomaba y comía lo vomitaba casi de inmediato. Lloraba del dolor que me provocaba cada vez que devolvía y sentía no tenía más nada en el estómago. Las costillas me dolían cada vez que tosía y así estuve por bastante tiempo. Lo más lógico hubiese sido que me fuese del trabajo de lo mal que me sentía. Aun así, estábamos con mucho trabajo y poco personal esa semana. Terminar antes mi turno sería sobrecargar de trabajo a mi compañera y no creía que era justo para ella.  

Era tan evidente que había llegado a un nivel de estrés que jamás había experimentado, que una de mis compañeras, que sólo hablaba alemán, me preguntó que me pasaba. Como mi nivel de alemán era nulo y su inglés básico, usé el traductor para explicarle lo que me pasaba. En ese momento, ella hizo una llamada por teléfono y al terminar, me dijo que me podía quedar en su casa. Más linda! Si bien tenía que irme de donde estaba, necesitaba conseguir un lugar donde registrarme, además de mudarme, más que dormir en otro lado provisoriamente. Aun así, le agradecí un montón el gesto. Le dije que si no lograba encontrar un lugar ese día, me iría a su casa. A pesar del estrés, sentí mucho agradecimiento hacia ella. Porque aun sin hablar el mismo idioma, ella me estaba ofreciendo su ayuda ante una situación de mucho estrés. De hecho, a partir de ese día, a pesar de la barrera lingüística, la relación entre nosotras fue más estrecha

También, otra de mis compañeras me ofreció quedarme en su casa y lo mismo mi ex-compañera de piso. Decidí mudarme nuevamente con mi antigua compañera de piso.  Ambas, además de su amigo que estaba de visita y su nueva compañera de piso, nos reunirnos para intentar de encontrar la forma de poder irme en buenos términos del departamento que recién me había mudado. Luego, volví al departamento tratando de disimular mis nervios y mi ansiedad. Hablé con la dueña y le comenté, de forma respetuosa, que no podía quedarme ya que ella me había cambiado las condiciones y no me parecía justo luego de haberlo hablado y acordado hablando en detalle de cada punto por 2 horas. Le pedí mi dinero de nuevo y la copia de mi pasaporte. Terminamos la charla, me devolvió mi dinero y copia de pasaporte y agarré todas mis cosas y me fui de ahí. No quería pasar un minuto más en ese departamento por si cambiaba de parecer. Aun así, no podía creer lo fácil que fue todo! Por lo menos el primer paso para estar mejor ya lo había dado, me había ido de ese lugar. 

Llegué a mi antiguo departamento, me recibieron los 3, mi antigua compañera de piso, su amigo y su nueva compañera. Eramos 4 personas en un departamento con 2 habitaciones. Si bien estaba un poco más aliviada de haber ido de ese lugar, aún seguía preocupada por muchas cosas a raíz de la mudanza frustrada del día anterior. Además, debía hacer mi Anmeldung lo antes posible. Por lo tanto, empecé a empeorar… Desde esa noche, comencé a tener ataques de tos nocturnos que derivaban en vómitos y por lo tanto, apenas dormía. Al estar durmiendo en el living, sentía que no dejaba dormir al resto ya que estaba ubicado prácticamente en conexión con ambas habitaciones.  

Al día siguiente trabajaba y tenía que cocinar sola para 130 personas. Si bien en algún momento vino el chef a ayudarme, sólo hacía que señalarme que debía hacer mientras estaba parado viendo lo que hacía. No me hubiese molestado si no fuese porque en ese momento necesitaba una persona ayudándome en vez de que me diera instrucciones. Le pedí que se fuera a su casa porque no me estaba ayudando. Hoy lo pienso mientras lo escribo y creo que lo mejor hubiera sido haberme ido a casa y dejar que el chef trabaje ese turno ya que está más preparado ese tipo de situaciones. Aun así, seguí el turno con dolores de cabeza y a sentirme cada vez más débil. Sentía que el cuerpo apenas me respondía, no caminaba, simplemente me deslizaba y muy lentamente. Además, me quedaba trabajar casi hasta medianoche

Afortunadamente, al estar libre por 2 días, pude dedicarme a buscar alojamiento fulltime. Finalmente, la búsqueda dió buen resultado! Conseguí una habitación en Horn por un mes y medio, además podía hacer mi Anmeldung. No era la mejor solución pero al menos sabía que por ese período estaría en un lugar tranquila y además podía registrarme! 

En el momento que me mudé, por arte de magia… o no, dejé de tener ataques de tos, vómitos, dolores de cabeza y me sentía mucho mejor! 


Séptima y última mudanza

Ya faltaba menos de 2 meses para irme de Hamburgo y afortunadamente buscar alojamiento resultó más fácil. Conseguí una habitación en Barmbek, lo mejor de este lugar era que quien me alquilaba la habitación tenía flexibilidad con las fechas de finalización de contrato. Por lo tanto, pude avisarle cerca del día que me iría de Alemania.

Como debía tomar mis vacaciones antes de terminar mi contrato ya que aparentemente no lo pagaban, decidí que las vacaciones y los días extras que tenía, se acumulen para mis últimos días de contrato laboral. Debido a que durante mis últimas semanas en el hostel trabajaba horas extras, cada vez tenía más días de vacaciones. Por lo tanto, mi último día en Alemania se iba definiendo con el avance de los días. Finalmente, obtuve 3 semanas de vacaciones. Por lo tanto, terminé mi visa Working Holiday casi un mes antes de que expire.


Últimos trámites

En mi última semana en Hamburgo, hice mi Abmeldung, es decir la desregistración de Alemania; y, avisé a mi aseguradora que me iría del país. Irónicamente, en mis últimos trámites en Alemania, fueron más fluidos que todas las veces anteriores. El Abmeldung  lo hice en menos de 10 minutos y quien me atendió fue muy amable. En la aseguradora sólo me pidieron mi Abmeldung y mi seguro de viaje para darme de baja. Así de sencillo! Luego, me enviaron una carta confirmando mi desvinculación de la aseguradora. Parecía increíble como todas las veces que hice trámites fue bastante tedioso y cuando me fui, fue mucho más ágil y hasta agradable.

Como tenía cuenta en N26, no necesité darme de baja y pude conservarla. Si no conocés este banco, te invito a que leas de que se trata haciendo click aquí.


Últimos días en Alemania

Ya tenía ansiedad por irme de Alemania que deseaba que esa etapa terminase lo antes posible. Será que estaba tan ansiosa de volver a viajar! Durante mis últimas semanas en Hamburgo estuve planificando un viaje de 6 semanas por los Balcanes. De sólo hacerlo, me teletransportaba a esos lugares que tanta gente recomiendan por la calidez de su gente.

Si bien he dicho que parte de mi corazón quedó en Dinamarca y Francia, no sé si decir lo mismo de Alemania. Cada vez que me preguntan si viviría en Alemania mi respuesta es: viviría en Hamburgo si no fuese parte de Alemania. Me encanta Hamburgo, realmente disfruté un montón de la ciudad, tanto de noche como de día. Gracias a que iba en bici a todos lados, pude descubrir cada rincón de esta ciudad. Me han ayudado más de una vez y en ocasiones, realmente la necesitaba! Conocí gente con la que disfruté de cada momento en su compania y han sido para mí lo más lindo y destacado de mi experiencia con la visa Working Holiday en Alemania. Aunque reconozco que esos momentos de estrés al llegar al punto de enfermarme creo que de haber actuado y reaccionado distinto, no hubiese llegado a ese punto de quiebre. Aun así, he padecido la burocracia alemana. Por lo tanto, en base a mi experiencia, no me parece atractiva la idea de vivir en Alemania

Amanecer en el Alster. Fuente: @creciviajando.


Tal vez parte de mi corazón no quedó en Alemania aun así tuve una experiencia enriquecedora a nivel personal que me permitió aprender y también disfrutar mucho de mi paso por Hamburgo




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Volver, con la mente allá y el cuerpo acá


El avión estaba aterrizando y sentí que había llegado a casa. ¿Sabés a qué me refiero? Esa sensación de relajación, de bienestar… de sentirte como en casa. 

Sin embargo, mi verdadera casa estaba a más de 12000 kms de ahí. ¿Por qué sentía que Londres se había convertido en mi hogar si vivía en Buenos Aires? Puede que el dicho “Tu hogar está donde está tu corazón” sea la respuesta. Amaba y amo tanto Londres que mi cuerpo y mente la habían adoptado como propia. Haber vivido un mes en esa ciudad tan llena de vida fue suficiente para sentirme como en casa al volver de mis mini vacaciones por París y Roma. El sueño estaba llegando casi a su fin. 

Había ahorrado dos años (y seguí pagando por un año más) para obtener un cupo en un curso de inglés que duraba un mes. Antes del comienzo de clases, fui con una amiga a Liverpool por una semana ya que ambas queríamos visitar la tierra que vió nacer a los Beatles. A pesar de que habíamos planeado estar sólo 5 días y luego ir a Dublin el fin de semana. También había propuesto ir a Hamburgo pero no hubo quorum. Perdimos el vuelo y por este motivo extendimos nuestra estadía en Liverpool

Y un día cumplí mi sueño de ir a Liverpool. Fuente: Cinthia de Crecí Viajando.

Después de esa semana beatlera, empecé mi curso de inglés en pleno centro de Londres. Me hospedó una familia que estaba compuesta por Charmaine, mi anfitriona jamaiquina, su marido francés y el hijo de ambos, el único inglés de la casa. También compartí habitación con una chica de Corea del Sur. Eramos 5 personas, cada una de un país distinto, conviviendo bajo el mismo techo. Sin embargo, parecía que era toda la vida había vivido ahí se sentía como si hubiese vivido con ellos toda mi vida. En mi curso había estudiantes de España, Italia, Hungría, Croacia, Turquía, Japón, México, Venezuela y Argentina. Todo lo que viví fue una de las experiencias más enriquecedoras que tuve hasta ese momento.

Una vez finalizado el curso, me fui a París y Roma. El plan original era volver a Buenos Aires el 9 de marzo pero al día siguiente abrían al público los estudios Abbey Road. Era una oportunidad única! Por eso decidí quedarme un día más y vivir una de las mejores experiencias de mi vida! No me importó perder ni el vuelo ni el dinero con tal de ingresar a uno de los lugares más mágicos que existen en el mundo. ¿Crees que estoy exagerando? Si conocés a alguien que haya entrado a este edificio, pregúntale qué sintió al poner un pie en el Estudio 2 de Abbey Road. Hay un 99% de probabilidades de que te haya respondido con una sola palabra: Magia! 

Felicidad absoluta al entrar a los estudios de Abbey Road! Fuente: Cinthia de Crecí Viajando.

Al regresar a Londres, también volví a la casa de la familia de Charmaine, con quién al día de hoy sigo en contacto. Como forma de bienvenida, Charmaine me regaló una taza de los Beatles diciendome: “Es mi manera de decirte que estoy feliz de que hayas vuelto a casa”. No me esperaba para nada ese gesto y se me llenaron los ojos de lágrimas. Esa taza aún la tengo y fue el primero de muchos regalos que recibí viajando. De hecho, creo que la mitad de mis pertenencias son regalos de toda la gente que fui conociendo en los últimos años como nómada.

La taza que me acompañaba todos los días en el trabajo. Fuente: Cinthia de Crecí Viajando.

Parecía que no sólo Charmaine estaba contenta de recibirme en su casa nuevamente. Su hijo, en ese entonces sólo tenía 5 años, cuando le dije que me iba al día siguiente, su reacción se quedó grabada en mi memoria. Mientras agitaba sus brazos y saltaba en el living de un lado para el otro, me decía: “Podés conseguir un trabajo, ahorrar dinero y quedarte para siempre y por siempre”. Ese momento y sus palabras fueron lo que me incentivaron a proponerme sólo una cosa: llegar a Buenos Aires y planificar mi vuelta a Londres!

Volver a la rutina, el momento más difícil

Más de una vez he leído y escuchado que la vuelta es difícil. No tengo dudas de eso! Después de un mes y medio en Europa, volver al lugar que en algún momento llamé mi casa, se convirtió igual de amargo pero menos placentero que un mate

En mi escala en Madrid me di cuenta que no quería volver a Argentina y menos con la imagen que se impregnó en mi cabeza, la de un nene inglés saltando de un lugar a otro pidiendo de que me quede. Rodeada de compatriotas que no hacían más que alardear de lo que habían vivido en su viaje a Europa… luchando para que todas sus compras del Free Shop entren de una vez por todas en los compartimientos de la cabina, me preguntaba: ¿Por qué me causa tanto rechazo esta gente? ¿Por qué no me siento parte? ¿Por qué me siento sapo de otro pozo?

Así me volví a Buenos Aires, sin reconocerme entre la gente que me rodeaba. Literalmente insultando y negando que estaba de nuevo en casa. ¿Realmente era mi casa? ¿Lo seguía siendo? Definitivamente no. Sentí una incomodidad que me impulsó a enfocarme en un mi objetivo: volver a la realidad que en algún momento creí que era una utopía y terminé comprobando que era real. Comprobé que era posible confiar en desconocidos. Era posible salir de casa sin mirar para todos lados con miedo a que te roben. Era posible caminar tranquila por la calle sin importar la hora ni tener miedo a que te hagan daño. Era posible volver a casa sana y salva y no era un milagro de que no haberte cruzado con alguien que decida si vivís o no. Era posible vivir bien!

Regresé un domingo a Buenos Aires, al día siguiente tenía que trabajar. Después de soñar despierta durante un mes y medio, me esperaba volver a la rutina. Mi mente se había quedado en Londres y mi cuerpo estaba en Buenos Aires. Por primera vez, mi mente y cuerpo estaban desconectados. Llegué al trabajo y la frase que se repetía una y otra vez era:“¿Cómo te fue en Europa?”

¿Cómo explicar cómo me fue? ¿Cómo explicar que ya no soy la misma? ¿Cómo explicar que tengo ganas de estar en donde está mi mente y no mi cuerpo? La única manera de expresarlo fue llorando de la frustración que sentía. Si, cada vez que me preguntaban cómo me fue en Europa, me sentía peor. No quería estar ahí y ni lo disimulaba. Mis compañeras creían que estaba exagerando, que sólo habían sido unas vacaciones largas y que no es lo mismo vivir en Europa que vacacionar. Coincido que no es lo mismo pero no me sentía comprendida en lo más mínimo. Había vivido en Londres, había ido a estudiar inglés por un mes y si, también había vacacionado pero algo cambió. Había descubierto que existía un lugar en el mundo en donde podría ser yo sin ser juzgada, podría vivir mejor y tranquila. Así que cada paso que di desde mi vuelta era un paso más cerca de mi vuelta a Europa.

Sentí que sólo había dos aspectos que me ataban a Buenos Aires: mi perra Lucky y mi carrera universitaria. Cambié de trabajo y acepté una oferta de trabajo que me permitiese viajar. Me mudé a un monoambiente en la capital para poder estar tranquila y enfocarme en estudiar. Además, me acompañaba uno de los seres que más amaba/amo en esta vida: Lucky, una perra mestiza con apariencia de un mini-ovejero alemán. Mi amor por Lucky era tal que cuando la gente me preguntaba que extrañaba de Argentina, mi respuesta fue por mucho tiempo única: Lucky y Tango (el pitbull de mi hermano, un bombón de lo más cariñoso). Mucha gente no entendía porque mi respuesta no era: la comida o mi familia y mis amigos. El motivo es simple: no soy familiera y si quiero hablar con algún/a amigo/a simplemente les escribo o llamo. ¿Cómo hago para acariciar a Lucky? ¿Cómo hago para decirle que volveré? La tecnología no avanzó lo suficiente para encontrarle una solución a ese dilema. 

Siempre preferí el amor animal que el humano. Creo que sólo algunas personas pueden comprender la intensidad del amor animal. Es una lástima! Es uno de los amores más genuinos que se puede sentir. 

Si he de partir, que sea con mi título bajo el brazo

Me mudé en noviembre de 2013 a mi nuevo departamento y me enfoqué en terminar mi carrera de Licenciada en Administración en la Universidad de Buenos Aires. Me puse como plazo un año, cueste lo que cueste. Y cómo costó! En mi último cuatrimestre de la facultad me anoté a 3 materias y además hice la tesina. Los planes de estudios en la Facultad de Ciencias Económicas están diseñados para que puedas inscribirte hasta 3 materias cuatrimestrales. Aun así, en promedio, los estudiantes se inscriben en 2 debido a que la mayoría trabaja a tiempo completo. Anotarse a 3 materias y hacer el trabajo final de la carrera mientras trabajas full time es demasiado, tanto para el cuerpo como para la mente. 

Estaba trabajando a tiempo completo así que en promedio mi rutina durante el último año de carrera fue: sacar a Lucky a pasear a las 6:00, 6:30 ir a la facu, cursar de 7:00-9:00, luego ir a mi trabajar hasta las 18:00 e ir a cursar de 19:00-23:00. Con esta rutina no tenía tiempo para avanzar con mi tesina. Un día decidí que la mejor manera de avanzar era tomar un energizante al llegar a casa y empezar a escribir mi tesina mientras tomaba mate durante toda la noche hasta las 6 am y retomar mi rutina. Sacar a Lucky a pasear, ir a la facu, ir al trabajo, volver a casa, sacar a pasear a Lucky nuevamente y dormir. Hice esto por una semana. Me sentía Jim Carrey cuando contesta los e-mails durante toda la noche en Bruce Almighty. El cuerpo no me respondía más! Andaba como zombie en la facu y en el trabajo pero el esfuerzo valió para poder avanzar en mi tesina, aunque me faltaba mucho para terminarla. No podía seguir con ese ritmo, así que pedí mi semana extra de vacaciones. Me dediqué 100% a mi tesina durante ese tiempo y logré avanzar a pasos agigantados. Hoy creo que no podría repetir esa experiencia y tampoco la recomiendo. Aun así, fue la manera que encontré para lograr mi objetivo: graduarme y poder dar el siguiente paso: volver a Londres!

Objetivo: volver a Londres… o irse de Argentina?

Me gradué en diciembre de 2014 y como nunca tuve mi viaje de egresados de 7mo grado ni de 5to año, me auto-regalé un viaje de graduada a la Patagonia. Volví y me quedaba por delante un año para planificar mi vuelta a Londres. A los pocas semanas lo descarté porque las posibilidades de conseguir un visado eran mínimas. Evalué la posibilidad de irme a vivir a la Patagonia con Lucky. Busqué trabajo pero ninguno requería mi perfil. Londres no se daba, la Patagonia tampoco, quedaba la otra posibilidad que me daba vueltas en la cabeza: viajar! 

Recuerdo de mi viaje de graduada a Villa La Angostura. Fuente: Cinthia de Crecí Viajando.

Con la cabeza dándole vueltas a la opción de viajar, me fui a pasar fin de año a San Antonio de Areco con una amiga y su grupo de amigos. En el camino hablamos de su viaje a Europa y sus ganas de quedarse estudiando. Le dije que me esperase a noviembre que para ese entonces de alguna manera me iría de Argentina. Esa charla quedó en nada ya que ella se iba a mediados de año y yo no quería rescindir mi contrato de alquiler antes de que terminase.

Las 3 palabras mágicas: Visa Working Holiday

En febrero de 2015 me encontré con una amiga que volvía de vacaciones por Europa. La excusa fue que me devolvería una Lonely Planet de París que le había prestado. En ese encuentro, mientras hablábamos de su viaje por Europa, me comentó de las visas Working Holiday. Aunque sabía de su existencia, creí que sólo estaban habilitadas para Nueva Zelanda y Australia, ya que conocía a gente que las habían hecho. Cuando me dijo que también se podía viajar a Europa, los ojos se me iluminaron como faroles

En ese momento, Argentina había firmado el acuerdo de la visa Working Holiday con sólo 3 países europeos: Irlanda, Dinamarca y Francia. Es increíble que actualmente tiene acuerdo con 16 países, tanto en Europa como en Oceanía y Asia

Londres volvió a cobrar forma. Pensé en aplicar a la visa Working Holiday de Irlanda y mientras buscaría trabajo en Londres. Creyendo que en caso de conseguir alguna entrevista, sería más fácil viajar desde Irlanda.  

Dinamarca, el plan Z1

Averigüé sobre la visa Working Holiday de Irlanda y me di cuenta de que se habilitarían nuevamente en febrero de 2016, lo cual lo consideré poco conveniente. Quería irme en noviembre de 2015, una vez que terminase mi contrato de alquiler. Esperar hasta febrero se me hacía eterno. No lo es ni lo era pero en ese momento me pareció mucho tiempo. Ni siquiera consideré hacer la visa Working Holiday de Francia ya que no había tenido una buena experiencia con los franceses cuando visité París. Para la visa Working Holiday de Dinamarca se podía aplicar en cualquier momento del año, así que fue la elegida

Como dice el dicho: “Los planes hay que escribirlos en lápiz”.  Porque nunca sabes que puede pasar. La vida es un constante cambio y por lo tanto los planes también. 

Como mencioné antes, mi plan original era volver a Londres. Lo cambié por mudarme a la Patagonia. Luego, se cruzó la idea de hacer la visa Working Holiday de Irlanda para reactivar mi sueño de vivir en Londres. Finalmente opté, por puro descarte, Dinamarca. De ahí en más, Dinamarca pasó a ser mi plan Z1, como si fuese sacado de una plantilla de Excel. Atrás quedaba la bella Londres y le daba lugar a un país del cual sólo recordaba que su capital era Copenhague y que quedaba cerca de Noruega. Dinamarca cumplía con lo que buscaba: era fácil aplicar a un visado, podía irme cuando quisiera y estaba en Europa (por si la idea de vivir en Londres resurgía).

Ya tenía el destino y empecé a averiguar y leer sobre Dinamarca. Durante meses estuve leyendo blogs y grupos de Facebook. Ya había viajado sola un par de veces pero nunca por mucho tiempo. Tal vez por miedo a hacer un viaje largo sola, le comenté mi idea a un par de mis amigas. Todas me respondieron con el mismo entusiasmo: “Si, es buena idea pero no puedo por… (inserte cualquier motivo)”. Pero una de ellas iría a Europa durante 3 meses y le empecé a vender Dinamarca como el país más feliz del mundo. Bueno… eso era lo que había leído las últimas semanas y así se lo promocioné para que se sume a mi viaje. Su respuesta fue simple y no muy esperanzadora: “Bueno, me voy a fijar”. Pasó una semana y me dijo que había sacado turno para la visa Working Holiday de Dinamarca. Ya no había vuelta atrás! Le había propuesto ir juntas, sin creer que me diría que sí. Sólo faltaba que yo también dé el paso! La emoción recorría cada rincón de mi cuerpo! 

En agosto de 2015 saqué mi turno para aplicar a la visa. A diferencia de ahora, había que solicitar turno por e-mail a la embajada de Noruega que actuaba como intermediaria. Sí, así como lo lees! Muy diferente al procedimiento actual. Recuerdo que Laura, la chica que tenía que darme el turno se había enfermado esa semana, que no hizo más que aumentar mi ansiedad. Obtuve mi turno para el 13 de agosto. Fui a la embajada de Noruega en Buenos Aires y mientras esperaba a presentar mi documentación, me quedé fascinada con los posters y folletos de las Auroras Boreales que te invitaban a visitar Noruega. Ignoraba la existencia de las Auroras Boreales y desde ese momento me prometí ir a verlas antes de volverme a Argentina y lo hice! Pero de esa experiencia hablaré en otro momento, aunque dudo poner expresar en palabras todo lo que sentí al verlas. Fue una experiencia única!

Trabajar a cambio de alojamiento y comida

Una vez que apliqué a la visa, dí el próximo paso: buscar un voluntariado en Dinamarca a través de Workaway para poder ahorrarme el alojamiento y la comida durante mis primeras semanas. Workaway es una de las tantas plataformas que hay para trabajar pocas horas a cambio de alojamiento y comida (aunque algunas veces también ofrecen pocket money).

En ese momento, sólo había alrededor de 20 anfitriones en Dinamarca. Contacté con todos ellos y me quedaron las siguientes opciones: una señora que quería que la ayuden con sus caballos en Esbjerg, un hombre de Roskilde para que necesitaba renovar su casa, una pareja que necesitaban a alguien para su granja cerca de Odense y una escuela cerca de Faaborg

Se le ha otorgado un permiso de residencia en Dinamarca

El 14 de octubre, a los 2 meses de haber aplicado a la visa, recibí el tan esperado e-mail! Me habían dado la visa Working Holiday de Dinamarca! Cuando ví el mail que contenía mi visa en forma de pdf estaba terminando una capacitación en mi trabajo. Estaba tan emocionada que se lo conté directamente al capacitador. Así que el primer notificado era un completo extraño! Creo que si no hubiese tenido a alguien cerca se lo hubiese contado a la pared con la misma emoción! 

Me fui al baño, llamé a mi mamá y a mis amigas llorando de la felicidad! Me iba a Dinamarca por un año! No podía creerlo! La felicidad invadía cada rincón de mi ser!

Después de un rato largo, me sequé las lágrimas, me lavé la cara, hice el esfuerzo de calmarme y volví a mi escritorio. No le dije a nadie en el trabajo que en menos de un mes me iría. Simplemente me limité a pedir mi semana extra de vacaciones para semana siguiente.

Ese tiempo lo utilicé para organizar mi viaje. Compré mi pasaje a través de OIM que en su momento era la manera más barata de viajar si tenías una visa de trabajo o estudio. Actualmente te piden un contrato de trabajo para acceder a sus beneficios.

Mi monoambiente era muy minimalista: una cama, una mesita de luz que había agarrado de la calle el día que me mudé, el aire acondicionado de mi hermano, mi heladera y el esquinero de mi mamá. Aun así, empecé a separar mis cosas. Decidí que guardaría, que regalaría, que vendería, que donaría, que tiraría. Empecé a soltar! 

Mis pertenencias antes de tener un nuevo destino. Fuente: Cinthia de Crecí Viajando.

Tomé por sorpresa a varios. No todos sabían mis planes. Por lo general, no cuento algo importante antes que se concrete. Es una cuestión de cábala y también a miedo de que no se dé. Tenía 3 semanas para organizarme y despedirme de mi gente. 

Volví de mi “semana de vacaciones” al trabajo y lo primero que hice fue hablar con el director de mi área para decirle que renunciaba y mis planes en Dinamarca. Afortunadamente, tenía muy buena onda con él.  Me deseó lo mejor y hablamos un montón sobre la vida en Europa ya que él había vivido en España por un tiempo e irónicamente hace un par de meses que volvió a mudar ahí. Me quedaba sólo una semana de trabajo y también para entregar el departamento que alquilaba. El 31 de octubre fue mi último día de trabajo y también en mi monoambiente. Me fui a lo de mi mamá por unos días antes de irme a Dinamarca.

Llegó el momento de volar!

El 8 de noviembre llegó el momento de decirle adiós a todo lo que conocía y entregarme a lo desconocido pero en ese instante no lo sentí así. Me invadía el dolor de dejar a Lucky en la casa de mi mamá. Algo en mí me decía que estaba cometiendo un error. Me fui al aeropuerto de Ezeiza llorando a moco tendido, tanto que llegué con la cara hinchada y roja al check-in. 

Traté de recomponerme cuando la chica de Turkish Airlines me preguntó por cuánto tiempo viajaba. Un año le respondí. Me pidió mi pasaje de regreso a Argentina y le mostré mi visa Working Holiday de Dinamarca y le comenté que no podía comprar un pasaje con más de 9 meses de anticipación y me dejó pasar. 

Mi vuelo tenía escala en Estambul y había un motivo por el cual había elegido Turkish Airlines para llegar a Dinamarca. En su momento, si tenías escala por más de 10 horas, podías optar por tener un city tour por Estambul y/o hospedarte en un hotel elegido por la aerolínea. Al llegar de noche, sólo tenía la opción de hotel, que fue lo que ansiaba! Después de viajar en avión por más de 16 horas, lo único que necesitaba era bañarme! 

Tardaron alrededor de una hora en asignarme un hotel. En 10 minutos llegué al Hilton de Estambul. Hasta ahora, fue la única vez en mi vida que estuve en un hotel de 5 estrellas! Confieso que no esperaba empezar mi nueva vida con tanto glamour! De la emoción, creo que apenas dormí esa noche y además a las 5 am me pasaron a buscar para llevarme al aeropuerto de Estambul. Que dicho sea de paso, ha sido el aeropuerto en donde más gente he visto en toda mi vida. Parecía que salían por debajo de las baldosas!

Finalmente, el 9 de noviembre, tomé mi vuelo a Copenhague, Dinamarca y comenzó este viaje que aún no tiene fin…






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Lo que me dejó estos 4 años de nómada

Siempre me costó describir el estilo de vida que adopté los últimos 4 años aunque creo que la mejor definición es que soy nómada. También se me dificulta poder compartir todo lo que me pasó, porque fueron muchas cosas, especialmente en lapsos de tiempo muy cortos. Aunque estoy acostumbrada de toda la vida a experimentar cambios radicales en muy poco tiempo. Aun así me encantaría compartir lo mejor posible la metamorfosis que tuve durante todo este tiempo aunque también estoy en proceso de modificar otras cosas. Así que acá va mi mejor intento. 

Las sorpresas que tuve 

Apenas comencé mi viaje, siendo soltera toda mi vida, conocí el amor. Este ha sido la mayor de mis sorpresas y a quién estoy enormemente agradecida ya que fue mi mayor apoyo en gran parte de esta nueva modalidad de vida.

Una vez me dijeron que las almas viajeras tiene un ángel de la guarda. Cada vez estoy más convencida de eso. Hubo situaciones es las que estuve muy complicada y de la nada, apareció alguien para salvarme.

Toda una vida creyendo que los ingleses eran de lo más educados y me encontré con que no son tan así y tampoco tan bien vistos en Europa.

Aún me sorprende cómo una frontera puede generar enemistades. Aún más que haya mas regionalismo que patriotismo en algunos países.

Aún me sorprende que en un solo país se hable distintos idiomas. También que de los europeos que conocí, en promedio hablan 4 idiomas fluidamente.

Cada vez que conozco personas de distintas partes del mundo me doy cuenta que somos más parecidos que distintos sin importar de dónde hayamos crecido. Suena muy cliché pero es cierto.

Ver nevar creo que es una de las cosas que más me alegran el día. Han pasado años desde que vi nevar por primera vez, y aún sigo sorprendida de cómo reacciono cada vez que veo nevar o nieve. Parezco una nena a la que le dieron el mejor regalo de cumpleaños.

Fui voluntaria por 3 meses en un colegio cerca de Faaborg, Dinamarca. Este es una postal de la nevada que hubo a los pocos días de haber llegado. Fuente: Cinthia de Creci Viajando.

Acostumbrada a ir a bares en donde podía pedir pizza o algo para compartir con amigas/os, me sorprendí que en varios lugares de Europa no ofrecen un menú de comida, como mucho pochoclos (palomitas de maíz) o papas fritas de paquete. Y esto me lleva a que entendí la diferencia entre chips y fries. Creo que por eso mucha gente se emborracha con mayor rapidez.

Me sorprendí de lo diminutos que son los baños en algunos departamentos de Copenhague. Especialmente en el primer departamento que alquilé con una amiga, en dónde nos bañábamos prácticamente arriba del inodoro. Aun no sé cómo me acostumbre a vivir así por un par de meses.

Lo que aprendí

Aprendí a tener una mayor sensibilidad cultural aunque a veces me cuesta entender ciertos comportamientos.

Aprendí que no puedo vivir con mujeres de mediana edad. Lo he intentado un par de veces y no puedo, son demasiado para mí. Excepto con una señora inglesa que fue mi anfitriona en un voluntariado que hice en Francia, un amor de mujer! Tal vez me cautivó con su sexy acento. Sí, amo el acento inglés, creo que es el más sexy sobre la faz de la Tierra! 

Aprendí a confiar en desconocidos. 

Aprendí a ser más fiel a mi misma.

Aprendí a ser más caradura.

Aprendí que en esta vida una debe hacer lo que quiere y no lo que los demás esperan de mi, sea mi familia o amistades. Porque más allá que quienes nos rodean quieran lo mejor para una, no siempre la respuesta esta en sus propuestas, sino en dónde nos sentimos mejor. La solución la tenemos en nuestro interior y nadie mejor que una misma sabe dónde se siente feliz y qué nos hace bien.

Aprendí a salir a la calle aunque haga frío o esté nublado, todo para amigarme con este tipo de climas. Ni bien llegué a Dinamarca me recomendaron a salir al menos 10 minutos todos los días para acostumbrarme al invierno nórdico y es lo que trato de hacer cada temporada.

Aprendí sobre mi propia cultura estando fuera de mi país. Sí, a pesar de mis rasgos, a veces siento que soy lo menos representante de mi país. 

Aprendí sobre el Tango estando lejos de Argentina. Me encontré con extranjeros apasionados por este tipo de danza, que me enseñaron y hablaron tanto de él que terminé viendo películas e interiorizando en el tema, aunque no tanto como para bailarlo, ya que eso sería dar un paso muy grande.

Aprendí cómo cebar mate. Nunca me consideré matera, de hecho sólo tomaba mate cuando estudiaba en la facultad o con amigas. Siempre lavado y dulce, un pecado según los defensores del mate. Durante estos años, todas las personas que me encontré tomaban el mate amargo y caliente, el mate tradicional, nada de hierbas aromatizadas ni cáscaras de naranja como he hecho en algún momento. Así que me acostumbré a tomarlo así y he comprado yerba simplemente para poder compartir unos mates con amigos. Adopté la cultura del mate estando fuera de mi país, tomar unos mates me hace sentir más cerca de Argentina. Como si fuera poco, hoy no puedo tolerar un mate dulce y lavado.

Aprendí a tomarle cariño a Francia Había visitado París en el 2012, después de tener una mala experiencia con los locales me prometí volver si sabía francés o con alguien que supiera. No hice ni una cosa ni la otra, volví sabiendo decir solo “Bonjour” y terminé aprendiendo francés a la fuerza. Tuve la fortuna de encontrarme con una familia que no hizo más que mimarme en casi toda mi estadía en Francia. Así derivé mis prejuicios sobre los franceses, aunque aun los tengo con respecto a los parisinos. Algún día lo probaré… o eso espero! Hoy hablar de Francia me traslada a Bellevaux y recuerdo lo consentida que fui. 

Aprendí que las personas cambian según su contexto y sus experiencias. Cuando volví a Argentina luego de casi un año afuera, una de mis amigas me dijo que estaba cambiada. Ni siquiera me había dado cuenta de eso. A partir de ahí soy más consciente de eso y cómo voy cambiando con el paso del tiempo. 

Aprendí a andar a mis tiempos y no al paso de los demás.

Aprendí a escribir en lápiz mis planes porque cambian todo el tiempo.

Aprendí a abrazar la idea de perderme en una nueva ciudad.

Aprendí que las cuadras en Europa son irregulares y que aún no es posible para mí tomar atajos.

Aprendí a salir de mi zona de confort tantas veces… que mis límites cada vez se extienden más.

Aprendí nuevos idiomas y creé mi propia ensalada lingüística. He llegado a mezclar inglés, francés e italiano para hacerme entender. Saber más de dos idiomas es un arma de doble fijo. A veces es una ventaja porque podes relacionarlos entre sí aunque otras veces no hace más que confundirte. También me han tratado de tonta cuando no hablo con fluidez una lengua.

Aprendí a apreciar la sidra y el vino rojo. Si bien no me gusta la cerveza, estando en Europa me abrí a la idea de que tal vez exista una cerveza que me guste, y de hecho la encontré y me la bebí como agua. Mi cerveza preferida es la de arándanos (muchos dirán que eso no es cerveza pero en la carta decía que sí, así que lero lero!) y la encontré en un bar de Riga, Letonia. 

Aprendí a soltar cosas y más tarde personas. Confieso que lo primero es mucho más fácil que lo segundo. 

Antes de emprender este viaje que aún termina. Regalé, vendí y tiré muchas de mis pertenencias. Aunque para ser honesta, nunca he sido una persona que invierta en cosas materiales. La imagen es de 2 días antes de entrar el monoambiente en el que vivía en Buenos Aires. Fuente: Cinthia de Crecí Viajando.

Aprendí a acercarme y alejarme de las personas según la energía que emanan.

Aprendí a quererme y exigir que me respeten. Me llevó años porque he tolerado que me griten cuando empecé a viajar.  Hoy no me quedo callada ante una situación de humillación.

Aprendí que cuando dejo las cosas fluir, aparecen mejores oportunidades. A veces tantas y tan buenas que no sé qué camino tomar.

Aprendí a trazar mi camino según las opciones que se me aparecen a cada paso y divertirme a armar el rompecabezas mentalmente. A veces creo que mi cabeza es un árbol de decisiones. Pensar que pasé noches resolviendo árboles de decisiones en Teoría de la Decisión para la facultad y fallé unas cuantas veces porque siempre olvidaba tener algo en cuenta. Esto aún me sigue pasando… maldita y entrometida variante no controlable

Aprendí a viajar lento, quedarme más tiempo donde me siento más cómoda y moverme cuando no la estoy pasando bien.

Aprendí a andar en medias por la casa como parte de mi rutina. Porque en gran parte de Europa la gente se descalza cuando llega a una casa.

Esta es la entrada del primer departamento que alquilé en Copenhague, Dinamarca. Fue durante las fiestas de Fin de Año de 2015. Fuente: Cinthia de Crecí Viajando.

Aprendí que no siempre podes hacerte tiempo para encontrarte con tu gente. Antes creía firmemente que si querés ver a alguien te hacías el tiempo para hacerlo. Con el tiempo me di cuenta que algunas veces es difícil coordinar agendas que son poco compatibles. 

Aprendí a respetar a las amas de casa. En Brescia tuve la oportunidad de quedarme en la casa de la hermana de una amiga que es ama de casa. Conviví con ella y su familia un par de días y desde el primer momento me di cuenta lo tedioso que es encargarse de los quehaceres de una casa y estar presente para lo que necesite tu familia. Esto cambio mi prejuicio de que las amas de casas “no hacen nada durante todo el día”.

Aprendí a ubicar en el mapa países que desconocía y los descubrí mientras viajaba. También aprendí de sus historias a través de la gente local.

Aprendí que sin buena salud no se puede disfrutar a pleno la vida. He llegado a tener tanto estrés mientras fui homeless que me enfermé durante una semana y mágicamente me curé en el momento que conseguí techo.

Aprendí a tomar las experiencias de otros como algo que puede a llegar a pasarme y no esperando a que suceda.

Aprendí a abrazar más, a decir “te quiero” o “te extraño” por miedo a ver por última vez a esa persona. Ser nómada no es fácil y esto es parte del lado B, no sabes si volverás a cruzarte con gente que fue parte de tu camino por un tiempo. No importa si estuviste con ellas sólo por un día, una semana o meses. Tampoco si fue en el medio de un viaje o en la ciudad o el pueblo que adoptaste por un tiempo. Nunca sabes cuándo será la última vez. Abracen y digan las cosas que sienten. Se lo sacan de adentro y además ayudan a otra persona a sentirse apreciada. Es un win-win.

Aprendí a rearmarme tan rápido que me siento orgullosa de mí misma. Aunque a veces creo que no soy capaz de salir ilesa de algunas situaciones.

Aprendí a aceptar que hay personas que aparecen y desaparecen de mi vida porque creo que siempre hay un motivo.

Aprendí que no es lo mismo estar sola que sentirse sola. Sentí y pasé por ambas.

Aprendí a ser más flexiblea nuevos contextos, lo físico se los debo porque creo que en cualquier momento la espalda me va a dejar en cama por un tiempo largo. En breve pediré turno para hacerme un chequeo.

Aprendí a encariñarme con las plantas y las flores. Yo, que en toda mi vida nunca simpaticé con estos seres. Esto fue porque hace unos meses compré una albahaca con el objetivo de preparar pesto. Cuánto más pasaba el tiempo y la veía crecer, no podía arrancarle las hojas porque sentía que sufría. Sí, puede ser que esté loca y con ésta les despejo las dudas: la llamé Tenazas (si alguna vez vieron los Simpsons, sabrán el motivo) y recién cuando se enfermó, la transformé en pesto. Después llegó Tenacitas y tuvo el mismo destino. 

Tenazas es la albahaca de la derecha. Jamás había sentido tanto amor por una planta, hasta le hablaba. Locura por este ser! Fuente: Cinthia de Crecí Viajando.

Aprendí a aceptar mi pasado y de dónde vengo sin vergüenza.

Aprendí a darlo todo hasta que no poder más.

Aprendí que es mucho mejor coleccionar experiencias que cosas. Me enriquece más y también viajó más liviana. Así que gano doblemente. 

Aprendí a decir basta.

Una imagen vale más que mil palabras. Fuente: Cinthia de Crecí Viajando.

Aprendí a parar cuando ya no tengo más energía y no sobre-exigirme. Aunque confieso que no fue fácil.

Aprendí a apreciar hasta los mínimos rayos del sol, tan vital en los países nórdicos. Al principio me daba lo mismo la falta de luz hasta que volví a Argentina en un día de tormenta y, parecerá mentira, pero en ese momento me di cuenta que hasta los días nublados en Buenos Aires son más claros que en Dinamarca

Mi primer fin de semana en Hamburgo, Alemania. Era enero de 2018 y la gente tomaba sol de una manera muy tipica de los países nórdicos. Fuente: Cinthia de Crecí Viajando.

Aprendí a estar preparada para la burocracia, que a veces me hace sentir como en casa y no en el buen sentido. 

Aprendí a convivir con personas de otras partes del mundo y ver la vida desde otra perspectiva.

Aprendí a no dar todo por sabido o sentado.

Aprendí a convivir con otros climas, muy distintos a los que estaba acostumbrada.

Recuerdo de la nevada en Sarajevo, Bosnia y Herzegovina. Fuente: Cinthia de Creci Viajando.

Aprendí a ser más paciente aunque todavía me cuesta. Lo mismo con la ansiedad.

Aprendí que el dinero va y viene, así que si debe irse que al menos sea por algo que lo valga.

Aprendí a dejar libre a las arañas cada vez que puedo y evitar matar insectos, porque entendí que cada ser tiene una función en esta vida.

Aprendí a explotar mis virtudes e identificar mejor mis defectos.

Aprendí a aceptar las elecciones de vida de mis amigas y ellas las mías. Creo que es una de las mejores demostraciones de amor por otra persona. Aceptar las elecciones de un ser querido y acompañar sin cuestionar

Aprendí a aceptar regalos de desconocidos porque una vez me dijeron que hay que aceptar todo lo que se da con buenas intenciones. Así es como tengo en mi porta-documentos una estampilla de San Luca que me dio un pintor en Bologna cuando le dije que me encantaría llevarme una de sus pinturas pero tenía miedo de arruinarla en la mochila. En el mismo viaje, esta vez en Pompei, un vendedor me regaló un colgante lleno de cuernitos rojos que me recordó a mi niñez. Aún lo tengo en mi cartuchera. Así, tengo un montón de pequeños regalos.

Aprendí qué ser puntual en varios lugares de Europa significa llegar 10 minutos antes y no un punto. 

Lo que descubrí 

Descubrí que nadie elige dónde nacer, por eso deberíamos ser más empáticos con otras culturas. 

Descubrí, después de muchos años, una profesora de Danzas Árabes que me deja “hacerme la Shakira” al bailar. Eso no significa que lo haga con éxito porque por lo general estoy pendiente de lo que hace la profe y cuando me veo al espejo veo que no me estarían saliendo los movimientos. Algún día me van a salir a la perfección. Persevera y triunfarás!

Descubrí que si quisiera, puedo viajar completamente gratis

Descubrí que tenía habilidades y virtudes que desconocía.

Descubrí que el machismo es casi inexistente en otras partes del mundo. Sentiría que retrocedería 100 casilleros si volviese a vivir en una sociedad machista.

Descubrí la canción “Me vieron cruzar” de Calle 13 gracias a Viajeros Crónicos y no puedo sentirme más identificada con ese tema. Creo que cualquier alma viajera va a compartir este sentimiento si la escucha.

Descubrí el cargador solar portátil que se convirtió en mi compañero de viaje inseparable. Cada tanto me preguntan que llevo colgado en la mochila y me encanta explicar qué es.

Descubrí que hay más gente dispuesta a ayudar desinteresada e inesperadamente que gente que quiera hacer daño. Les aseguro que este mundo es más noble de lo que parece.

Descubrí que es más probable que la gente que viaja te habrá las puertas de su casa como si te conociese de toda la vida.

Descubrí que hay una gran diferencia entre viajar y vivir en un lugar. Cuando llegué a Londres, creí que la utopía existía. Es contradictorio por definición, lo sé, pero así lo creí por años hasta que con el tiempo entendí que no era posible. Aun así descubrí que tener un estándar de vida alto teniendo un trabajo no calificado es posible.

Descubrí que viajar cansa y mucho. Creo que es porque cuando llego a un nuevo lugar quiero conocer cada rincón y tengo hambre de mundo. A veces más grande de lo que mi cuerpo puede soportar.

Nuevos hábitos

Empecé meditación y yoga. Algo que vengo postergando hace años aunque no soy constante.

Cambié el shampoo líquido por el sólido

Desde 2018 uso shampoo sólido pero el de la imagen lo compré en Suecia y me duró 5 meses. Fuente: Cinthia de Creci Viajando.

Cambié el desodorante a bolilla por la piedra de alumbre

uso piedra de alumbre desde 2017. Fuente: Cinthia de Creci Viajando.

Cambié los cepillos de plástico por uno eléctrico. Tengo uno de bambú pero lo uso para otros fines.

Cambié los jeans por las leggings, y no las cambio por nada. Creo que empecé a hacerlo porque subo y bajo de peso con cierta frecuencia. También ocupan menos lugar en la mochila. Otro punto a favor.

Cambié los tacos por las zapatillas, y qué agradecida estoy de haberlo hecho! Aunque cuando alterno por los tacos creo que camino chueca.

Adopté en mi rutina nuevos condimentos y comidas que descubrí en mis viajes. 

Adopté el Ajvar, proveniente de los Balcanes, en mis desayunos.

Nuevos desafíos

Trabajé en el campo de madrugada. Aprecié cada amanecer aunque también padecí los dolores de espalda como consecuencia de este tipo de trabajo.

Postal de mis días trabajando en el campo. Fuente: @creciviajando.

Dormí como sardina con más de una persona en una cama de una plaza que para colmo parecía de papel. De más está decir que no dormí prácticamente nada y mi espalda lo padeció.

Anduve en bici bajo la lluvia, con el viento en contra, bajo y sobre la nieve. Hasta he bicicleteado con temperaturas que llegaron a los -21º C y no me congelé en el intento. Como consecuencia, me caí un montón de veces, tanto que aún tengo moretones en las rodillas. Gracias Foodora!  

Los cambios que hice y tuve al viajar

Adelgacé, engordé y volví a adelgazar tantas veces que ya me da lo mismo. Tal vez y sólo tal vez, me preocupe en un par de años cuando vea las consecuencias pero mientras tanto, let it be!

De toda la ropa que traje conmigo, apenas conservo unas pocas prendas y pañuelos. Aunque confieso que si pudiera, sería capaz de vestirme solo con pañuelos.

Postal de la cantidad de pañuelos que tenía cuando vivía con una amiga en un departamento en Copenhague, Dinamarca. Fuentre: Cinthia de Creci Viajando.

Cambié una valija de 23 kilos por una mochila de 40 litros. Aunque tuve una transición hacia una valija carry on de 10 kilos.

Cambié Buenos Aires, una ciudad de casi 3 millones de habitantes, por pueblos de apenas 200 habitantes o hasta ciudades que no llegan a los 7000 habitantes. A veces me aburrí y otras veces agradecí encontrar paz en un lugar sin tránsito.

Antes escuchar bocinazos o el ruido del tránsito era sinónimo de sentirme en casa. Hoy no puedo tolerar la contaminación auditiva.

Cambié un celular Samsung por un Iphone y no veo la hora de cambiarlo por cualquier otra marca. No quisiera volver a tener un Iphone. 

Cambié la tarjeta de crédito por la de débito y qué bendición! Ya no sufro el estrés de no llegar con el dinero a pagar el resumen de la tarjeta de crédito. Ahora pago con lo que tengo y listo. Bueno… confieso que a veces pido prestado pero lo devuelvo al corto plazo y todos felices. 

Cambié mi forma de pensar sobre tantas cosas porque conocí otros puntos de vistas válidos y los adopté como propios.

Me animé a aceptar nuevos sabores, de decir “ no me gusta” (sin haber probado antes) a “jamás lo probé” y darle una oportunidad.

No me gusta la comida picante aunque empecé a cocinar con pimienta pero hasta ahí me animo. 

Antes sólo extrañaba a mis perros, Lucky y Tango (dos culitos hermosos!). Pero con el tiempo empecé a extrañar a mis amigas y a varias de las personas que conocí en estos últimos años. Hay gente que me la llevaría conmigo a todos lados para no extrañarlas.

Me encantaría estar con mis amigas cuando les pasan cosas lindas y festejar con ellas. También cuando pasan por un momento feo y poder abrazarlas aunque solo tengo que conformarme con mandarles un mensaje o un audio (qué cuanto más largo mejor, tengo el record de 11:25 minutos, sorry Eli!) porque además de la distancia nos separan las diferencias horarias. No es fácil estar lejos cuando me encantaría estar cerca y en muchos lados al mismo tiempo.

Los miedos que vencí

Perdí el miedo a convivir con desconocidas/os

Perdí miedo a los hombres. Una de las cosas que me animé en Dinamarca fue convivir con un hombre desconocido para justamente perder este miedo. Desde entonces siempre les digo a mis amigas que se animen a tener esta experiencia para que vean por sus propios ojos que no todos los hombres son machistas ni buscan hacerte sentir incómoda.

Perdí el miedo a caminar sola o a bicicletear en plena madrugada. He llegado a caminar al costado de la ruta en plena noche en dónde sólo podía iluminarme algún auto al pasar cerca o al caminar cerca de una casa ( la distancia mínima entre cada una era de unos 200 mts). Imprudente? Puede ser, pero creo que no lo haría en mi país, en Dinamarca me sentía totalmente segura. Aunque confieso que mi único miedo es que me suceda algo con la probabilidad que me descubrirán con la luz del día siguiente

Sólo a veces…

A veces creo que tengo problemas del primer mundo, hasta bromeo con eso, cuando antes tenía del tercer mundo y ahí si que no era gracioso. Parece que los problemas son una constante en la vida pero hay que aprender a resolverlos lo mejor posible y a pedir ayuda cuando es necesario. 

A veces no tengo la menor idea del día que es, salvo en los períodos laborales.

A veces me siento invencible, otras creo que una leve brisa puede tirarme al suelo.

A veces quisiera estar acá y allá, partirme en mil pedazos y estar con todas las personas que quiero. Creo que esto ya lo dije pero es como me siento.

A veces quisiera irme a un lugar dónde predominen los animales y la naturaleza.

A veces quiero estar sola, otras veces necesito estar rodeada de mi gente

A veces vivo situaciones incómodas porque no tengo la menor idea de cómo saludar a un desconocido por primera vez.

A veces me han preguntado y hasta han dado por hecho que estoy escapando de mis problemas. Lamento decirle a esas personas que nadie puede escapar de sus problemas. Vayas a donde vayas tus problemas irán con vos y está bueno que sea así porque te ayudan a ver todo desde otra perspectiva y te ayuda a solucionarlos de una manera que no hubieses imaginado.

De todas mis posesiones, tengo más regalos que cosas propias. 

Abrazo la idea de moverme diariamente en bicicleta aunque extraño mis rollers y me los traería, si no fuese por el pequeño y gran detalle de que son pesados y ocupan mucho lugar… ah, y no entran en la mochila. Dejarlos colgando fuera de la mochila no sería una opción, son muy incómodos.

Postal de mi rutina en Copenhague, Dinamarca. Ir a trabajar en bici. Fuente: @creciviajando.

Si pudiera volvería una y mil veces a abrazar y dormir con Lucky. Tantas veces extraño su calor que es en los únicos momentos que me planteo si hice bien en irme de casa y dejarla con mi familia. ¿Será que el amor animal es así de grande y puro que te marca de por vida?

Lo que aún me queda por modificar

Parecerá que me creo la Madre Teresa de Calcuta pero aún me cuesta poner mis intereses por delante del de los demás pero lo estoy intentando.

Todavía estoy tratando de sacarme la costumbre de comprar en locales de ropa baratos y optar por los locales de segunda mano

Aun no he hecho auto-stop sola (si acompañada y sólo una vez, en El Chaltén porque podía perder el bus para volver a El Calafate) aunque tengo muchas ganas de hacerlo, sólo necesito animarme. 

Cada vez que veo mis defectos en otra persona, me doy cuenta cómo pueden llegar a verme los demás, siento rechazo por esa persona y principalmente por ese aspecto en mí. No busco la perfección sino ser una mejor persona.

Emociones a flor de piel

Más de una vez he querido que algunos momentos sean eternos, otros que terminen lo antes posible.

Una de las mayores alegrías que puedo tener es la aprobación de una visa Working Holiday porque durante todo el proceso, aunque por lo general me parece fácil y simple, empiezo a dudar hasta de mi nombre. 

Desde que empecé este estilo de vida, saltando de país en país, todo se volvió intenso. Mis relaciones, mis sentimientos… que provoca que llore a mares, ya sea de felicidad o de dolor. Siento que se me explota el corazón de felicidad cuando sucede algo que vengo deseando hace tiempo. La alegría es tan inmensa que no hay nada que pueda sacarme la felicidad que tengo en esos momentos.

Estoy agradecida de…

Haber dejado de ser señalada como la “anti-hombres”. Porque en Argentina fui etiquetada así más de una vez. En los países en los que viví los últimos años, jamás sentí que ser feminista sea una mala palabra. Creo que sólo una sociedad madura puede ver a todas las personas como iguales sin importar su sexo.

Alejarme de personas sin buscarlo y naturalmente, y acercarme a aquellas con quienes me siento más identificada.

Tener finalmente un estándar de vida en el cual tengo mis necesidades básicas cubiertas

Poder elegir. Porque conocí personas qué su única opción era huir.

¿Por qué aún elijo ser nómada?

Recuerdo de mi último día en San Vito Lo Copa, Italia. Fuente: Cinthia de Creci Viajando.

Es por eso que, más allá de que haya pasado momentos difíciles y muchas veces me haya sentido derrotada y al borde de las lágrimas, todo lo que aprendí hizo que valga la pena. 

Porque desde que viajo, me siento más viva que nunca y estoy más enamorada del mundo. Muchas veces me arrepiento de no haber empezado antes para coleccionar más recuerdos, que son los que me vivirán conmigo hasta el último de mis días en este mundo

Hey, puede ser que en algún momento me cansé o cambie de parecer, ese momento aún no llegó. Sinceramente sé que una vida no me va a alcanzar para recorrer todo el mundo o los lugares que quiero conocer pero estoy haciendo el intento.

Si llegaste hasta acá, te lo agradezco y también espero que puedas animarte a darle una oportunidad, aunque sea por un rato, a esta experiencia de vida. Porque va a enriquecerte más de lo que creés.




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